Redimiento del dólar
Pero también recordamos, que Nestor Kirchner dijo: “No me midan por lo que digo si no por lo que hago”.
En el segundo semestre del año pasado, el dólar subió 13,4 % (de $ 3,05 a $ 3,46) y fue mejor negocio que un plazo fijo.
Lo mismo sucedió en lo que va de este primer semestre, en que ya aumentó 9,3 %, lo que equivale a una tasa efectiva anual de 21,3 %.
La apreciación del real y la recuperación de la soja han licuado parte del atraso del tipo de cambio.
Si las tasas y la inflación convergieran a un nivel cercano al 12 % anual, la divisa debería aumentar no más allá del 6 % durante el segundo semestre ($ 4) para cumplir las estimaciones del Banco Central.
Pero el desmadre del gasto público y la ausencia de reformas estructurales en estudio llevan a considerar que una devaluación puede ser la única variable para ajustarlo.
La formación de activos externos —es decir, la fuga de capitales—impulsa por el lado de la demanda la desvalorización del peso, que trata de ser neutralizada con crecientes restricciones cambiarias.
La demanda de divisas es alta, superando los U$ 60 MM diarios y también son elevadas las necesidades para cubrir los vencimientos de la deuda.
A esto se agrega que las reservas líquidas netas del BCRA para contener una disparada del tipo de cambio se limitan a no más de U$ 14000 MM.
En el segundo semestre del año pasado, el dólar subió 13,4 % (de $ 3,05 a $ 3,46) y fue mejor negocio que un plazo fijo.
Lo mismo sucedió en lo que va de este primer semestre, en que ya aumentó 9,3 %, lo que equivale a una tasa efectiva anual de 21,3 %.
La apreciación del real y la recuperación de la soja han licuado parte del atraso del tipo de cambio.
Si las tasas y la inflación convergieran a un nivel cercano al 12 % anual, la divisa debería aumentar no más allá del 6 % durante el segundo semestre ($ 4) para cumplir las estimaciones del Banco Central.
Pero el desmadre del gasto público y la ausencia de reformas estructurales en estudio llevan a considerar que una devaluación puede ser la única variable para ajustarlo.
La formación de activos externos —es decir, la fuga de capitales—impulsa por el lado de la demanda la desvalorización del peso, que trata de ser neutralizada con crecientes restricciones cambiarias.
La demanda de divisas es alta, superando los U$ 60 MM diarios y también son elevadas las necesidades para cubrir los vencimientos de la deuda.
A esto se agrega que las reservas líquidas netas del BCRA para contener una disparada del tipo de cambio se limitan a no más de U$ 14000 MM.
Temiendo una eventual fuga de depósitos en dirección al dólar, y como colchón de liquidez para hacerle frente, los bancos conservan en pases pasivos con el Banco Central más de $ 15000 MM.
Fuente M&A Inc.A.M. r.p.
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