En las vacaciones, aumenta la cantidad de chicos en la calle
Formosa - A Luis, de sólo 9 años, no le gusta trabajar en el semáforo, bajo el sol, “quisiera estar jugando con mis amigos”, expresó. El 70% de los pequeños que deambulan por la vía pública formoseña mendiga por comida, pan o “unas moneditas”. Algunos tienen a sus padres que están cerca, con otros pequeños a la espera de la “solidaridad” con los chicos.
Consultamos a uno de ellos cuando sin querer nos topamos visitando casa por casa en un barrio periférico de la ciudad.
Le preguntamos cómo se llamaba y qué estaba haciendo, respondió rápidamente y con los ojos vivaces, propios de su edad. “Luis, tengo 9 años, pero me dicen “Luchito” y estoy recorriendo las casas para ver si me dan algunas monedas, para comprar pan, no tendrás diez centavos?”.
La verdad es triste y golpea a este niño que en vez de disfrutar de los juegos propios de su edad, está parado en los semáforos, pidiendo monedas a los automovilistas y ocasionales transeúntes.
Insistimos al preguntarle dónde estaban sus padres a lo que contestó “Allá en la sombra está mi mamá con mis hermanitos, -la madre estaba sentada con otros chicos más bajo un árbol en un cantero, en la intersección de una calle-, y no tengo papá”.
Consultamos a su madre, la vimos, con la mirada inclinada mirando al suelo nos dirigió la palabra, como queriendo esconder su forma de vida. “Ahora desde que nos corren del centro, venimos por los barrios.
Aquí es más buena la gente, entiende nuestra situación. Yo tengo que mandar a mi hijo a pedir, porque no tengo trabajo, mucho ya intenté buscando y buscando, pero no hay nada. Me da vergüenza tener que hacer esto pero es la única forma que los hermanitos de Luis -eran 4- puedan comer algo”, aseguró la madre.
Hace tiempo, había muchos niños que pedían monedas a los autos en los semáforos. Ahora ya no, porque como bien dicen “nos corren del centro para que no se note esta situación. Entonces venimos por los barrios”, aseguraron.
Al seguir la charla, varios de ellos nos rodean y preguntan si somos “del diario”. Todos en coro afirmaron rápidamente que “hay señores que nos corren, no nos dejan pedir más moneda.
Nos quieren pegar”, otro de nombre Miguel y de 6 años, confirma “es cierto, hay señores siempre que nos corren, dicen que nos van a mandar presos”, finalmente, se acercó Daniel, tiene 11 años, y como demostrando orgullo nos confiesa que “yo no pido monedas, yo trabajo. Salgo a carpir veredas y llevo la plata a mi casa, todos los días”.
La realidad es constante y no va a desaparecer en nuestra ciudad por más que “los corran del centro”. Hay muchos niños trabajando y otros tantos, casi en todos los barrios, que piden “unas monedas” para poder “comer algo”.
Fuente: El Comercial Fsa.
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