El matrimonio presidencial piensa más en el 2015 que en el 2011
Santiago del Estero - “La Argentina vive la crisis institucional más grave desde 1983” sentenció el reconocido analista político que desmenuzó la actualidad institucional por la que atraviesa la Argentina debido a la confrontación que mantiene el gobierno de Cristina Kirchner con el Congreso de la Nación y la Justicia.
El 10 de marzo se cumplieron tres meses de la asunción de los legisladores electos el 28 de junio. Los tres meses transcurridos muestran que la situación política ha cambiado sustancialmente desde entonces y ello hace oportuno un balance de la misma.
La expectativa pasa a estar en qué sucederá en el futuro: qué alternativas hay para la elección presidencial del 2011 y qué grado de gobernabilidad tendrá el país hasta entonces. La elección legislativa del 28 de junio permite intentar contestar ambas preguntas.
La primera, porque ha definido el rumbo de la política argentina para el periodo 2011-2015. Desde entonces, Carlos Reutemann y Julio Cobos son los más votados en las dos franjas políticas más importantes. Los dos representan lo mismo, en cuanto a que son ideológicamente de centro, políticamente moderados, ambos tienen buena relación con el campo y se proyectan como presidentes de cuatro años y no de ocho (el primero por edad y el segundo por requisito constitucional). El tercero es Francisco de Narváez, que está en una tendencia similar, y Mauricio Macri -que ha lanzado formalmente su candidatura- no está muy distante.
En el kirchnerismo quien tiene mejor imagen es Daniel Scioli, paradójicamente porque es percibido como distinto al ex presidente.
El próximo presidente puede ser alguno de los cuatro mencionados u otro, pero es claro que la sociedad quiere una alternativa más moderada que el kirchnerismo e ideológicamente de centro.
En cuanto a la segunda pregunta, la historia muestra que en la Argentina, cuando se pierde la elección de medio mandato, que es en realidad pre-presidencial, la gobernabilidad se hace difícil. En dos de los tres casos que sucedió, no se logró mantenerla (Raúl Alfonsín y Fernando de la Rúa) y sólo uno lo logró (Carlos Menem entre 1997 y 1999). Ello muestra que la gobernabilidad es una cuestión a resolver en los próximos dos años.
Menem logró mantener la gobernabilidad pese a que en 1997 fue derrotado en la elección pre-presidencial. Kirchner ha sido derrotado y es peronista como él. Ello podría plantear la hipótesis de que mantendrá la gobernabilidad, por el pragmatismo del peronismo que no tienen los presidentes no peronistas, como fue el caso de Alfonsín y De la Rúa. Pero la diferencia está en que Menem mantuvo hasta el final de su segundo mandato el control del Congreso y en cambio Kirchner lo ha perdido. Ello también implica pérdida de influencia en la Justicia.
Desde esta perspectiva se está viviendo un proceso inevitable: cuando el gobierno pierde la elección pre-presidencial en la Argentina, pierde el poder. La cuestión es si esta pérdida de poder conlleva o no la pérdida de la gobernabilidad.
El problema más relevante hoy es que el oficialismo pretende desconocer el cambio político profundo que ha significado la elección y actúa como si ella no hubiera sucedido. Esto ha llevado a la mayor crisis institucional desde el reestablecimiento de la democracia en 1983, por el enfrentamiento entre el Poder Ejecutivo por un lado y el Legislativo y el Judicial por el otro. Esta crisis se abrió el 14 de diciembre con el primer decreto de necesidad y urgencia (DNU) para pagar deuda con reservas y no se ha cerrado.
En consecuencia, la característica central del escenario político actual es la inevitable pérdida de poder tras la derrota electoral, frente a la cual Néstor Kirchner, como líder del oficialismo, no modifica su personalidad política, caracterizada por el uso del conflicto para construir poder y el duplicar la apuesta frente a derrotas o dificultades.
Ello genera una situación de tensión que ya complica la gobernabilidad. En este marco, las expectativas de la economía han vuelto a estar dependientes de los hechos políticos.
Hasta la crisis del Banco Central se asignaba baja incidencia a los conflictos políticos sobre la economía, pero desde el 14 de diciembre se ha reconectado la interacción entre dificultad económica y crisis política. El crecimiento se ha frenado en el primer trimestre a consecuencia de la crisis política, y tanto los bonos como las acciones tienen hoy como referencia lo que sucede en la política.
En comparación con la crisis político-económica del 2001, el punto en común es la derrota electoral. Pero la economía tenía entonces dificultades mayores que hoy y Kirchner tiene una personalidad mucho más fuerte que De la Rúa. Hoy no es posible una crisis como entonces. En todo caso, puede ser posible un adelanto de la elección, como sucedió más de una vez en la Argentina, incluso el año pasado.
Pero la Argentina vive la crisis institucional más grave desde 1983, porque nunca el enfrentamiento del Poder Ejecutivo con el Legislativo y el Judicial tuvo este nivel. La cuestión ahora es cómo se procesa esta crisis para que no afecte la gobernabilidad. El problema es que el kirchnerismo siempre redobla la apuesta y esto hace más probable que el conflicto se agrave a que se atenúe.
La historia muestra que los líderes políticos cambian de ideología de acuerdo a intereses, conveniencias y circunstancias, pero no de personalidad, y Kirchner no es una excepción a ello sino todo lo contrario. Por esta razón, lo más probable es que el oficialismo no ceda ante los límites que le marcan los otros dos poderes. Además, el límite no siempre es preciso: la realidad es que el conflicto ya ha llegado más lejos de lo que podía imaginarse. Que la Corte pida mesura y la Presidente conteste que le suena a censura es un ejemplo de ello.
Es así como en la segunda parte del mandato de Cristina Kirchner puede haber margen para algún tipo de tregua precaria o transitoria, pero no para un acuerdo de fondo que despeje los interrogantes acerca de la gobernabilidad durante los casi dos años que restan del mandato. La idea de que el conflicto genera poder está en la naturaleza política del kirchnerismo.
Lo deseable sería que se sincere el presupuesto ante el Congreso, que se sancione uno nuevo y alrededor de esto comenzar a establecer un nuevo esquema de gobernabilidad. Pero esto difícilmente suceda.
La dinámica del proceso político es muy intensa. El miércoles 3 de marzo el diputado nacional Omar Demarchi, del Partido Demócrata de Mendoza, presentó el pedido de juicio político a la Presidente por desobedecer las decisiones judiciales. El lunes 8 de marzo, el gobernador de Misiones desmintió públicamente que la Presidente le hubiera dicho dos días antes que pensaba adelantar las elecciones a febrero o marzo del 2011.
Ninguna de las dos situaciones se dará en el corto plazo, pero son hechos concretos que muestran la dinámica que ha adquirido la situación política.
En cuanto a la alternativa de un juicio político a la Presidente hoy es improbable pero no imposible, porque el kirchnerismo se muestra dispuesto a profundizar el conflicto institucional. En los últimos tres meses han sucedido situaciones que no eran probables al comenzar diciembre.
Cabe recordar que el presente es el sexto periodo presidencial consecutivo desde el restablecimiento de la democracia en 1983. En los cinco precedentes, siempre quien perdió la elección que tiene lugar dos años antes de finalizar el mandato, perdió la presidencial siguiente. Kirchner puede ser la excepción, pero es improbable que lo sea.
Cristina es hoy la Presidenta con menor nivel de aprobación de América latina y no es fácil que recupere consenso en los meses que siguen de acuerdo con la experiencia argentina, aunque en política suele decirse que no hay imposibles.
El problema político central del kirchnerismo es la división del peronismo. Ésta es la clave de la pérdida del control del Congreso y la consecuente independencia de las decisiones judiciales. Hacia el futuro, es más probable que esta división se profundice a que se atenúe.
La base de sustentación del kirchnerismo es el peronismo y el apoyo se va debilitando, más allá de ausencias o presencias circunstanciales en el Congreso.
En cuanto a las demandas sociales, desempleo, inseguridad y corrupción han sido las prioritarias durante la década. En los últimos dos años se sumó la inflación a los problemas que más preocupan. Los tres primeros no bajarán su prioridad, pero pienso que la inflación puede aumentarla si ésta se incrementa en los próximos meses.
Cabe conjeturar que Kirchner ya está asumiendo que no ganará la elección de 2011. Algunas de sus acciones de gobierno, especialmente en el campo económico, parecen apuntar más a dificultar la gestión que viene, que a facilitar un tercer periodo kirchnerista.
El retorno en 2015 puede ser un escenario visualizado por el ex presidente en el caso de no poder retener el poder en 2011. Su reciente afirmación de que el kirchnerismo retendrá el poder hasta 2020, hoy no coincide con la realidad y parece más bien destinada a tratar de evitar la fuga de justicialistas oficialistas hacia la disidencia peronista.
Fuente: ElLiberalSdelE
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