Sistema de agua potable en crisis. Derroche y falta de inversión
Tierra del Fuego - En Ushuaia el consumo de agua potable llega a 500 litros diarios por habitante, que dobla los 250 litros de promedio a nivel nacional. El abastecimiento del vital liquido está próximo a una situación critica por falta de inversiones, y podría entorpecer el desarrollo de la economía provincial.
De las tres plantas potabilizadoras existentes, momentáneamente sólo dos están operando. La Nº 1 ubicada en la esquina de Lasserre y Gómez, se abastece del chorrillo del Este y se encuentra sin funcionamiento desde hace 3 meses por haberse detectado alto contenido de mercurio y boro, hecho que resta del total unos 25 litros por segundo del caudal general que se posee.
En consecuencia, la ciudad recibe agua de las Plantas 2 y 3. La 2, que toma agua cruda del arroyo Buena Esperanza, potabiliza 305 litros por segundo y se encuentra emplazada en el ingreso del sector hotelero, en tanto que la 3 se nutre del arroyo Grande a través de una estructura construida a pocos metros de la avenida Héroes de Malvinas, que aporta otros 75 litros por segundo.
Pero para cubrir la demanda, ambas plantas (la 2 y la 3) funcionan a su máxima capacidad, por lo que cualquier desperfecto o modificación de las condiciones climáticas que eleven la turbiedad (deshielo o alto régimen de lluvias), o en su defecto una reducción del caudal de los arroyos, genera una disminución inmediata en el volumen de potabilización.
Lo adecuado sería que cada una de ellas funcionara al 50 por ciento de su capacidad, pero como desde el año 1995 no se han construido nuevas obras en la materia, la necesidad hace que las 2 plantas funcionen a máxima capacidad, hecho que para los profesionales del sector, se traduce que en estas condiciones no es posible extender el servicio a las nuevas urbanizaciones que tiene en marcha el IPV y el municipio, como tampoco cubrir la necesidad que posee el 20 por ciento de la población que en la actualidad carece de agua potable.
Frente a este escenario, los trabajadores que día a día hacen que las plantas mantengan el actual nivel de producción, no tienen dudas en el corto y mediano plazo, no podrán extender la red de agua para abastecer la segunda etapa de viviendas que el gobierno tiene previsto edificarán en el río Pipo, como tampoco hacia los proyectos de la gestión municipal de los Alakalufes II y primera etapa de urbanización de Andorra. "Si no tenemos agua para la gente, menos habrá para la pileta de natación que se construye a la entrada de Andorra", evalúa el personal, al tiempo que sostienen, que los proyectos que difunde el propio gobierno, aún se encuentran en etapa de desarrollo, lo que hace suponer que su financiamiento no está asegurado.
En ese contexto, queda afuera de toda proyección la zona alta de la ciudad, donde la explosión demográfica le ganó a la planificación, y un número nunca preciso de familias se resignan a la posibilidad de que arrecie en derrumbe y a la falta de inclusión social.
Para poder llevar agua potable al sector alto de la ciudad, se requeriría de un proyecto sobre el cual aún no se discute ni evalúa dentro de la esfera de decisión política, pero qué, para los que conocen del tema solo podría concretarse si se construyeran una planta en el cauce superior del arroyo grande, para que el agua pudiera ser distribuida por gravedad. Esto permitiría suministrar a las agua a los sectores ocupados fuera del código de planeamiento, y elevar el caudal general para el resto de la ciudad, aunque para ello hace falta una fuerte inversión aún contemplada en ningún presupuesto.
En este caso, no solo haría falta la construcción de una nueva planta potabilizadora, sino también el tendido de un acueducto, del cual años atrás se estimaban unos 15 millones de dólares para su ejecución.
Pero eso no es todo. Conforme a la distribución longitudinal que posee la ciudad, acompañando el contorno de la bahía y el Canal Beagle, los profesionales responsables, consideran adecuado construir una planta sobre el cauce del río Pipo y otra sobre el río Olivia, dos fuentes de agua aún no utilizadas –al Oeste y al Este–, que permitiría dar brindar un servicio de manera sectorizada, supliendo paulatinamente la utilización de la planta 2, donde el arroyo Buena Esperanza disminuyó su caudal debido a la reducción de su fuente natural que nace del glaciar Martial.
Establecer una fuerte campaña para que el uso del agua potable se efectúe de manera responsable y proyectar las obras futuras con vista a los próximos 50 años, parecería ser una acción adecuada que las autoridades gubernamentales y municipales deberían encarar.
Fuente:diariodelfindelmundoTdelF/www.visionfederal.com
Tierra del Fuego
De las tres plantas potabilizadoras existentes, momentáneamente sólo dos están operando. La Nº 1 ubicada en la esquina de Lasserre y Gómez, se abastece del chorrillo del Este y se encuentra sin funcionamiento desde hace 3 meses por haberse detectado alto contenido de mercurio y boro, hecho que resta del total unos 25 litros por segundo del caudal general que se posee.
En consecuencia, la ciudad recibe agua de las Plantas 2 y 3. La 2, que toma agua cruda del arroyo Buena Esperanza, potabiliza 305 litros por segundo y se encuentra emplazada en el ingreso del sector hotelero, en tanto que la 3 se nutre del arroyo Grande a través de una estructura construida a pocos metros de la avenida Héroes de Malvinas, que aporta otros 75 litros por segundo.
Pero para cubrir la demanda, ambas plantas (la 2 y la 3) funcionan a su máxima capacidad, por lo que cualquier desperfecto o modificación de las condiciones climáticas que eleven la turbiedad (deshielo o alto régimen de lluvias), o en su defecto una reducción del caudal de los arroyos, genera una disminución inmediata en el volumen de potabilización.
Lo adecuado sería que cada una de ellas funcionara al 50 por ciento de su capacidad, pero como desde el año 1995 no se han construido nuevas obras en la materia, la necesidad hace que las 2 plantas funcionen a máxima capacidad, hecho que para los profesionales del sector, se traduce que en estas condiciones no es posible extender el servicio a las nuevas urbanizaciones que tiene en marcha el IPV y el municipio, como tampoco cubrir la necesidad que posee el 20 por ciento de la población que en la actualidad carece de agua potable.
Frente a este escenario, los trabajadores que día a día hacen que las plantas mantengan el actual nivel de producción, no tienen dudas en el corto y mediano plazo, no podrán extender la red de agua para abastecer la segunda etapa de viviendas que el gobierno tiene previsto edificarán en el río Pipo, como tampoco hacia los proyectos de la gestión municipal de los Alakalufes II y primera etapa de urbanización de Andorra. "Si no tenemos agua para la gente, menos habrá para la pileta de natación que se construye a la entrada de Andorra", evalúa el personal, al tiempo que sostienen, que los proyectos que difunde el propio gobierno, aún se encuentran en etapa de desarrollo, lo que hace suponer que su financiamiento no está asegurado.
En ese contexto, queda afuera de toda proyección la zona alta de la ciudad, donde la explosión demográfica le ganó a la planificación, y un número nunca preciso de familias se resignan a la posibilidad de que arrecie en derrumbe y a la falta de inclusión social.
Para poder llevar agua potable al sector alto de la ciudad, se requeriría de un proyecto sobre el cual aún no se discute ni evalúa dentro de la esfera de decisión política, pero qué, para los que conocen del tema solo podría concretarse si se construyeran una planta en el cauce superior del arroyo grande, para que el agua pudiera ser distribuida por gravedad. Esto permitiría suministrar a las agua a los sectores ocupados fuera del código de planeamiento, y elevar el caudal general para el resto de la ciudad, aunque para ello hace falta una fuerte inversión aún contemplada en ningún presupuesto.
En este caso, no solo haría falta la construcción de una nueva planta potabilizadora, sino también el tendido de un acueducto, del cual años atrás se estimaban unos 15 millones de dólares para su ejecución.
Pero eso no es todo. Conforme a la distribución longitudinal que posee la ciudad, acompañando el contorno de la bahía y el Canal Beagle, los profesionales responsables, consideran adecuado construir una planta sobre el cauce del río Pipo y otra sobre el río Olivia, dos fuentes de agua aún no utilizadas –al Oeste y al Este–, que permitiría dar brindar un servicio de manera sectorizada, supliendo paulatinamente la utilización de la planta 2, donde el arroyo Buena Esperanza disminuyó su caudal debido a la reducción de su fuente natural que nace del glaciar Martial.
Establecer una fuerte campaña para que el uso del agua potable se efectúe de manera responsable y proyectar las obras futuras con vista a los próximos 50 años, parecería ser una acción adecuada que las autoridades gubernamentales y municipales deberían encarar.
Fuente:diariodelfindelmundoTdelF/www.visionfederal.com
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