Rousseff advierte que la demanda supera la oferta energética
Brasil - No fue un "apagón", dijo Edison Lobao, sino una "interrupción temporaria del suministro de electricidad". Así se manifestaba el ministro de Energía de Brasil, el 4 de febrero, después de que casi 50 millones de personas a lo largo de ocho estados del noroeste del país habían pasado la mayor parte de la noche sin energía. Los ingenieros aún están investigando el incidente, pero su conclusión preliminar es que falló un componente de una subestación justo pasada la medianoche. Ello ocasionó desperfectos en los sistemas de seguridad, así como en las líneas de transmisión y después dejó de funcionar una planta de energía.
Lobao está intentando reservar la palabra que empieza con "a" para algo más grave, que su gobierno está decidido a evitar: un gran desajuste sostenido entre la oferta y la demanda de electricidad. La última vez que esto ocurrió fue en 2001-02, después de décadas de un creciente consumo de energía y un bajo índice de inversión, seguidos de una sequía (el 70% de la energía de Brasil proviene de represas hidroeléctricas). En aquel entonces, sólo el racionamiento mantuvo encendidas las luces y los efectos posteriores moderaron la demanda durante algunos años.
El uso de la electricidad está creciendo fuertemente una vez más, con un índice de crecimiento del 7,8% el último año. Ello se debe, en parte, al auge de la economía brasileña. Pero, incluso, si esto cambia, es poco probable que el uso de la energía disminuya. Los brasileños que lograron recientemente salir de la pobreza darían cualquier otra cosa antes que desenchufar las primeras heladeras y lavarropas de sus vidas.
Luz para todos, un programa del gobierno para la electrificación rural, lanzado por Dilma Rousseff, la actual presidenta, cuando era ministra de Energía, ha conectado a más de 2,4 millones de hogares a partir del año 2003 y continúa haciéndolo. El gobierno calcula que la demanda de electricidad se incrementará en un 5% anual durante la próxima década. Los funcionarios planean movilizar la inversión para llegar a un total de alrededor de 214.000 millones de reales (128.000 millones de dólares), tanto de fuentes públicas como privadas para lograrlo.
Parte de ello irá a combustible fósil y nuevas plantas nucleares, y parte a todo lo vinculado con la biomasa y la energía eólica. Sin embargo, la porción más importante está destinada a los nuevos proyectos hidroeléctricos. Son controvertidos, en especial la presa Belo Monte, aprobada para el Xingu, un afluente del Amazonas en el estado norteño de Pará. Fue rediseñada para evitar construir una enorme pared que atraviese el río. Pero, aún así, será la segunda planta hidroeléctrica en importancia de Brasil (después de Itaipú); con una generación de 11.230 MW, inundará 500 kilómetros cuadrados y desplazará a 20.000 personas, principalmente indígenas.
El 26 de enero, el ministro de Medio Ambiente habilitó a los contratistas para comenzar a limpiar el terreno destinado a Belo Monte. Al igual que otros grandes proyectos, éste fue demorado en reiteradas oportunidades debido a desafíos legales por parte de ambientalistas, y por la necesidad de obtener licencias ambientales en cada etapa.
Esas son las razones por las cuales las empresas brasileñas quieren construir represas a lo largo de la frontera con Perú. Sería mejor, para el gobierno brasileño, tomar decisiones en cada plan de acuerdo con las ventajas y desventajas relacionadas con la seguridad energética y la protección ambiental, y el ministro de Medio Ambiente debería en lo sucesivo enfocarse en la supervisión de la implementación, dice Rodrigo Moita, un especialista en energía de Insper, una escuela de negocios de San Pablo.
De una u otra manera, es probable que Brasil evite una nueva crisis energética, según la conclusión a la que arriba un estudio reciente de IPEA, un grupo de expertos relacionado con el Gobierno.
Sin embargo, tanto el costo como la confiabilidad son problemas que van en aumento. Los impuestos implican que, en promedio, la electricidad cuesta dos veces más en Brasil que en los Estados Unidos. Pero los investigadores de IPEA esperan que el precio promedio se incremente aún más. Confiar en la hidrogeneración en el Amazonas implica que el suministro de electricidad será vulnerable a sequías y que dependerá de largas líneas de distribución para llevar la energía al populoso Sur. Esto será difícil de mantener.
La tensión comienza a manifestarse. Brasil sufrió 91 apagones importantes durante 2010 en tanto que sólo había registrado 48 en 2008. En las grandes ciudades, los cortes energéticos cortos y localizados se están tornando moneda corriente.
Uno de ellos ocurrió recientemente cuando The Economist visitó el laboratorio de investigación de Petrobras, el gigante del petróleo de Brasil, en Río de Janeiro.
Estuvieron ocurriendo al menos una vez por semana este verano, manifestó el jefe del laboratorio. Es posible que los brasileños tengan que acostumbrarse a las "interrupciones temporarias" cada vez que enciendan sus aparatos de aire acondicionado.
Fuente:agencias/elpaisuy/www.visionfederal.com
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