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Los celulares son el nuevo escondite de los “machetes”

Córdoba - Marcos iba una hora antes de clase y con una hojita de afeitar emparejaba la madera del banco para, con una diminuta letra, escribir un prolijo machete. La noche anterior, Adrián escribía en el ruedo del guardapolvos los temas de la prueba. Después de muchas horas de ver la vieja serie Misión Imposible, Juan Carlos quiso eludir el estudio con unos diminutos auriculares y un par de walkies talkies, sólo que no encontró un buen interlocutor que supiera tanto y, para colmo, la señal era tan baja que hacía inentendible la comunicación. Ese año, Juan Carlos se llevó “castellano” a marzo.

Ejemplos de otra época muestran que el “machete” es una antigua “institución” que probablemente nunca se extinga en las escuelas. Al contrario, las nuevas tecnologías les ha abierto un futuro promisorio.

Bluetooth, mensajes de texto, mensajes multimedia, las nuevas herramientas que utilizan los chicos para no tener que usar los libros. Lo que sigue son historias reales contadas desde la visión de profesores y alumnos.

Detective de aula. Oscar es profesor de matemática. Durante un examen en un colegio privado de barrio Alberdi detectó que un alumno miraba de reojo su celular.

“Alcancé a ver al chico cuando manipulaba el celular. Al verme, lo guardó, pero no tuvo tiempo de apagarlo. Se lo pedí y vi que le habían mandado un mensaje de texto con una foto del ejercicio resuelto”, relató el sorprendido profesor.

Conclusión: el alumno fue premiado con la nota “uno”, pero no se pudo identificar al remitente del mensaje, seguramente otro alumno del curso, a quien también la habría correspondido un aplazo.

Otro caso parecido le sucedió a Ana, profesora de inglés de un Ipem, quien en su ronda por los bancos también descubrió cómo una alumna recibía vía mensaje de texto las respuestas de la prueba. La chica tampoco se salvó del aplazo. “Era tan evidente que estaba en falta que ni siquiera esgrimió una excusa para darme el celular”, comentó la profesora.

Apagados. Por norma, no está permitido usar celulares en horas de clase. Pero los docentes admiten que es muy difícil controlar esta situación, y más aún en aulas con muchos alumnos.

Los celulares - cada vez con más aplicaciones -  son campo fértil de consumo para los adolescentes. Los chicos consultados por este diario, entre divertidos y camuflados, cuentan algunos episodios de “copiadas”.

Una alumna de un colegio privado de orientación católica contó que es común desde recibir mensajes de texto hasta hablar por celular con una compañera pidiendo datos sobre una prueba en pleno desarrollo.

El otro escondrijo para los machetes es la carpeta “borrador” de los mensajes de texto. La mecánica es simple: se escribe un mensaje de texto, pero no se lo manda y queda en el borrador. Entonces, cuando la profesora no se da cuenta, se leen los datos que aparecen en la pantalla.

Padres involucrados. Hay más casos, uno de ellos bien extremo, que cuenta otra chica, también de un colegio privado, y es desopilante: “Mi compañera le mandó un mensaje de texto al padre que estaba en la oficina, preguntándole sobre un tema de la prueba. El padre le buscó la respuesta en el Google y se la mandó por SMS”.

Un alumno que transita el último año del secundario relató que tiene compañeros que directamente se pasan el aparato entre los bancos con las respuestas de una prueba. Obvio, la maniobra tiene mucho más riesgo de ser descubierta.

No obstante, más allá de la tecnología, los chicos señalaron que todavía apelan a recursos como hace dos o tres décadas para hacer machetes: en el ruedo de las polleras, detrás de una regla o la manga de un guardapolvo.

Avances que ayudan
Cada vez hay más posibilidades de que los alumnos se “favorezcan” en un examen con ayudas externas. Desde vibradores para que no se escuche la llegada del mensaje hasta conexiones directas a Internet, todo sirve.

Replanteo. La vigencia de los machetes y las “copiadas” obliga, una vez más, a replantear los sistemas de evaluación. Las pruebas a libro abierto, por ejemplo, son una alternativa para evitar trampas.
Fuente: LaVozdelInterior.com Cba

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