domingo 12 julio 2020

La Boca, «Un nuevo espacio cultural y los desafíos de siempre»

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Con un encuentro virtual se inauguró el 24 de junio un nuevo espacio para el arte. La Fundación Andreani abrió las puertas de su nueva sede en el corazón de La Boca, a escasos metros de la Fundación Proa y frente al viejo trasbordador, uno de los signos patrimoniales más elocuentes de la ciudad de Buenos Aires.

El escenario no fue elegido al azar: Oscar Andreani, protagonista del primer video con que el nuevo espacio se dio a conocer, recalcó el origen inmigrante de su familia y evocó con emoción una vida signada por el progreso económico y el arraigue social.

Su gesto se comprende mejor si lo encuadramos en la figura del mecenas, aquel que puede y quiere financiar proyectos de orden público que generan belleza y conocimiento y que operan para el donante como modo de afirmación social. En su mirada parece proyectarse la película de su vida editada para la posteridad.

Los Andreani comisionaron la puesta en valor del edificio al legendario Clorindo Testa, que decidió preservar e intervenir la fachada y demoler y reconstruir el interior, recreando allí los patios y los materiales constructivos típicos de La Boca y de su arquitectura aluvional. Este proceso (intervención, demolición, construcción), fue documentado con fruición y poesía por Gian Paolo Minelli, fotógrafo suizo-argentino dueño de una obra sensible y bella.

La audiencia llegaba a 1000 personas cuando fue el turno del segundo video: María Rosa Andreani, presidenta de la Fundación, contaba su derrotero y la historia de este proyecto que hubiera preferido inaugurar con la gran fiesta que tenía planeada. Nosotros, los espectadores a través de su canal de Youtube, hubiéramos querido lo mismo: los whatsapp ardían comentando el lugar, los artistas elegidos, las decisiones de guión del video, el peinado de María Rosa.

Las dos muestras que se inauguraron junto con el espacio podrán visitarse virtualmente a partir de la semana que viene. La primera, “Coleccionar un mundo”, es la obra que Gian Paolo Minelli produjo in situ; la otra, “Deep unlearning: Ejercicio de desaprendizaje”, combina arte y tecnología y es de Mariano Sardón y Mariano Sigman.

La obra guarda similitudes inquietantes con el montaje extraordinario de los chinos Sun Yuan y Peng Yu, “Can´t help myself”, exhibida en la última Bienal de Venecia. En ambos casos se trata de un brazo robótico articulado; en la de los artistas chinos, los movimientos aludían a los humanos mientras que paleaban un líquido que tenía la consistencia y el color de la sangre; la obra nos remitía a lugares oscuros e íntimamente reconocibles. La obra montada en La Boca, explicada con sencillez franciscana por uno de sus autores, promete copiar gestos humanos on demand. Habrá que ver para opinar.

Hay razones para celebrar este acontecimiento. En primer lugar, refuerza el circuito cultural del sur de la ciudad, que tanto cuesta mantener a flote a pesar de que allí conviven Proa, la Usina del Arte, el Teatro de la Ribera, el Museo Quinquela Martín y el muy interesante circuito de galerías que desembarcaron allí atraídas por ventajas fiscales. Las fundaciones dedicadas al arte cumplen además la misión de financiar y visibilizar artistas a los que les cuesta mucho acceder a los circuitos oficiales para legitimar su trabajo; sabemos que los museos casi no compran ni exhiben arte contemporáneo, por lo que el mercado queda huérfano de sus principales árbitros.

Resta saber si este nuevo espacio, soñado con tanto cuidado e inaugurado contra viento, marea y pandemia, cumplirá con criterio y eficacia el papel que tanto necesita el arte argentino. Sólo el tiempo despejará la incógnita.

Eleonora Jaureguiberry
Socióloga. Gestora Cultural
CC/rp.

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