jueves 9 diciembre 2021

El teatro y la pandemia: ¿Cómo se llama la obra?

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Por Eleonora Jaureguiberry

Hace pocos meses nos hubiera parecido ciencia ficción cumplir años o visitar al médico de forma virtual. Hacerlo hoy forma parte de la “nueva normalidad”, una categoría en la que caben muchas otras situaciones igualmente difíciles de imaginar. En el campo de las artes las disciplinas tratan de encontrarle la vuelta al desafío; quizás el teatro sea el que la tiene más difícil.

Llamamos teatro a una vasta red de espacios oficiales, comerciales e independientes. Estos espacios de realidades tan diversas tienen una identidad común: la presencia en vivo de los artistas y el puente emocional que se tiende con el público. Todos sufren la inactividad, y algunos no se repondrán a ella. Repasemos brevemente las estrategias que cada uno abordó para transitar esta situación de excepción.

En un Zoom reciente María Victoria Alcaraz, directora del Teatro Colón, contó que aprovechó la pandemia para profundizar en dos temas que tenía pendientes: el desarrollo de nuevos públicos y el ingreso del teatro al mundo virtual. Para eso reforzó el equipo de comunicación, que ahora cuenta con periodistas, diseñadores gráficos, realizadores audiovisuales, redactores y productores, y trabajó con los cinco cuerpos estables para cambiar junto con ellos el tono comunicacional del teatro.

En esta nueva etapa los artistas son los protagonistas; sus voces y sus ideas son la materia prima de la comunicación. Además de compartir el archivo histórico del teatro y material cedido por otras óperas del mundo, el Instituto de Formación ofrece clases virtuales gratuitas para adolescentes y mayores de 60.

El teatro comercial dejó de cortar tickets y casi no tiene respaldo del Estado para financiar sus gastos fijos; su negocio sufrió un cimbronazo muy difícil de procesar. La Fundación Santander organizó un encuentro virtual con Ariel Stoiler, director de producción y programación del Paseo La Plaza, para conversar sobre el modo de mantener abierto un teatro que tiene las salas cerradas.

Stoiler contó que muy temprano tomó una decisión crucial: la de permitir el acceso libre al archivo de las obras ya grabadas. Su idea era crear un comportamiento allí donde no lo había e investigar si existe un público ávido, esto es, explorar la posibilidad de generar un mercado a partir de la construcción de un canal de espectadores virtuales. Una vez creada esa comunidad, se vio ante la tarea de monetizar los contenidos. Decidió empezar por pedir donaciones para instituciones como la Cruz Roja, en donde los espectadores deciden el precio de la entrada como en algunos espacios del teatro independiente.

Los resultados son sorprendentes: entre abril y mayo contabilizaron un público de 2.800.000 personas, muchísimo más que las audiencias habituales de 120.000 espectadores mensuales. Este nuevo público, que no accede a las salas porque no vive en la ciudad o le falta el dinero o el hábito, marca una conversión de los espectadores de teatro de reales a virtuales y crea una comunidad enorme en términos de volumen, que a esta altura no quieren perder.
La escena del teatro independiente es más precaria. Si bien los gastos fijos son sensiblemente menores, el apalancamiento con sponsors y la capacidad de aguante es casi nula. Algunos espacios ya anunciaron que no reabrirán. Otros están aplicando a todas las ayudas a las que puedan echar mano, desde Proteatro o Mecenazgo a becas y subsidios oficiales.

La escena independiente hace cuentas poco alentadoras sobre los protocolos de reapertura, ya que los nuevos niveles de ocupación en sala generarían una taquilla que no alcanzaría para cubrir los gastos de producción. La esperanza blanca es el buen tiempo y las posibilidades de adaptar o desarrollar obras expresamente para el aire libre.

La gente de Alternativa Teatral, el portal de carteleras, cursos, castings y opinión, ya venía pensando en transformarse, pero la pandemia aceleró el proceso. Ahora impulsa toda clase de obras de teatro online, y espectáculos vía Zoom, Whatsapp, Youtube y streaming con entrada fija y a la gorra. Claro, factura mucho menos, y tiene competencia de otras plataformas y de los propios artistas que organizan sus propios streamings por fuera del sistema.

Algunos actores tienen un nuevo rebusque: animan eventos por Zoom. Otros generan contenidos muy contemporáneos, como las Crónicas Extraordinarias-Unitarios Distópicos dirigidos por Ana Lucía Rodríguez o la telenovela Por Siempre Marisol dirigida por Agustina Gatto, ambos a la gorra virtual, grabados en confinamiento y resueltos de manera muy interesante tanto desde la realización como desde la edición.

Muchos dramaturgos están en pleno proceso creativo; escriben y se reúnen para conversar asiduamente, como el grupo conformado por Héctor Díaz, Javier Daulte, Paula y María Marul y Silvia Gómez Giusto. Ellos y otros dramaturgos como Mariano Tenconi Blanco tienen sus talleres llenos de alumnos. Virtuales, claro.

La pandemia logró lo impensable: que el arte más presencial de todos comience a imaginar un futuro híbrido. El desarrollo de nuevos lenguajes y de nuevas tecnologías permite pensar en la posibilidad de ganar nuevos públicos estables para el teatro. La construcción de una audiencia incipiente verdaderamente distinta de la tradicional puede ser también atractiva para las marcas, que están abandonando los antiguos modos de hacer publicidad y pueden encontrar en este doble sistema de tickets presenciales y tickets virtuales el acceso a un público que desafía toda clasificación.

Los empresarios teatrales ya están hablando de repensar la actividad, de mejorar las interfaces, y hasta del surgimiento de curadores para asesorar a los públicos nuevos. También hablan de reformular la manera en que se negocian los derechos de autor para reproducción audiovisual, y de producir material expresamente para el espacio virtual.

La pregunta del millón es si realmente surge un nuevo negocio, basado en un nuevo lenguaje y con nuevas reglas de producción, de comunicación y de comercialización. Quizás la pandemia acelere un proceso que se venía gestando bajo cuerda. La obra ya tendría nombre, inspirado en aquella canción: “Cambia, todo cambia”.
Eleonora Jaureguiberry
Socióloga. Gestora Cultural
CC/NB/CC/rp.

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