viernes 9 diciembre 2022

Cuaderno de opiniones: Al rescate de la galga “Dulcinea”

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Por Isabel de Estrada
Era una tarde como tantas. Mi mente vagaba por algún lugar, intentando terminar una historia al abrigo de la chimenea, cuando recibí una imagen en el teléfono con un desesperado pedido de auxilio, que me trajo abruptamente al presente. En la foto, aparecía un galgo, sobre unas mantas, en unos pastizales. Lo enviaba alguien a quien yo no recordaba, pero a quien evidentemente conocía.

Había sido arrojada a un arroyo, con las manos y las patas atadas con un alambre y una piedra amarrada al cogote. En el instante en el que un hombre la llevaba en una carretilla oxidada hacia la muerte, dos guardias de seguridad de un club de campo cercano al lugar, habían visto la escena, notando un leve movimiento dentro de ese bulto que el hombre, inclinando la carretilla, arrojaba al agua. Corrieron lo más rápido que pudieron y llegaron al lugar mientras el desgraciado huía despavorido.

Se concentraron en buscar aquel bulto que habían visto arrojar al agua. Era una galga. Y estaba con vida. En el mensaje me aclaraban que esto había sucedido hacía solo unos minutos y que la perra, estaba hipotérmica y necesitaba ayuda urgente.

Toqué el símbolo de llamada en mi teléfono. Una voz femenina respondió inmediatamente recordándome adonde nos habíamos conocido. Bien. Debíamos actuar con rapidez si queríamos salvarla. Desde mi teléfono, salieron cataratas de mensajes intentando ubicar alguno de los muchos voluntarios que nos ayudaban en la Fundación.

Alguien estaría por los alrededores de donde Raúl y Facundo, los dos guardias, intentaban darle calor a la galga?. Quiso el destino, que mi amigo Desiderio, siempre dispuesto a ayudar, no anduviera lejos de allí. Estábamos en pleno invierno y los días eran muy cortos. El sol empezaba a ocultarse, Facundo y Raúl, los rescatistas, terminaban su turno en la guardia y debían marcharse a sus casas. Las veterinarias cerrarían sus puertas, y todo se iría complicando.

En menos de media hora Desiderio estaba en camino a la veterinaria de Luján, con la galga arropada con las mantas que entre todos, habían conseguido.

Durante el viaje, la había bautizado Dulcinea, “porque para nuestros ojos ella es la más joven y la más linda”, dijo.
Continuará …..
por Isabel de Estrada
Autora: “Perros sin collar”, “Buenos Aires Guau” y “Aullidos en el viento”
www.fundaciónzorba.org
IG/BN/CC/rp.

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