sábado 19 septiembre 2020

En tiempos de cambio la política, en la dimensión desconocida

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Por Dr. Horacio Minotti
Es evidente que hace tiempo, la política transita por carriles diferentes a los de la gente común, la que trabaja, la que tiene preocupaciones cotidianas como dar educación a sus hijos, o peor, alcanzarles algún alimento diario.

Las discusiones son estériles, los debates no le importan mucho a nadie. Si estatizan Vicentín, si reforman la Justicia, o si deciden avisarnos que ya no hay cuarentena pero sacan un decreto extendiendo un encierro, que igual no cumple nadie.

Son mundos paralelos. La política vive una vida diferente, conforme a sus propios intereses sus protagonistas se agreden y al mismo tiempo, en esos piedrazos que van y vienen, cobran los ciudadanos de rebote. Al gobierno le molesta Horacio Rodríguez Larreta y llama opulentos a los porteños, de los cuales el 32% está por debajo de la línea de pobreza. Entonces les saco un punto de la coparticipación, total lo pagan tus pobres, los pobres porteños que usan la salud y educación públicas.

La oposición quiere bloquear al gobierno, y entonces busca no sesionar en diputados el día que se va a tratar un incentivo a la industria del turismo que se encuentra destrozada, proyecto que dicho sea de paso, fue presentado por la propia oposición.

Y la gente va por otros carriles, vive otro mundo. No quiere que la encierren, pide por salir a trabajar y que el Estado los moleste lo menos posible. Ya nadie pide que lo ayuden, salvo aquellos que viven exclusivamente de la asistencia. El ciudadano común quiere que el gobierno, del signo que sea, no le meta la mano en el bolsillo, un ratito.

Para peor, la política necesita “negociadores”. Gente con quien acordar, sentarse y “resolver los problemas”. Está acostumbrada al antiguo reclamo gremial, en el que la solución a los conflictos consistía en sentarse con dos sindicalistas, ofrecerle unas ventajitas personales, unos mangos mas para la obra social, y entonces estos mandan a los trabajadores a su casa, con un 10% de aumento en 10 cuotas.

Desde que empezaron a surgir gremios menos “negociadores” la cosa ya se le empezó a complicar a la política. Algunos gremios un poco más de izquierda, aparecieron, al menos al principio, menos susceptibles a estos acuerdillos. En ese momento la política se desorientó.

Bueno, ahora la cosa se agravó, como se observa en el reclamo policial que explotó. No hay con quien negociar. La policía se coordinó por las redes, por grupos de facebook y de wathsapp, no hay líderes, no hay “negociadores”, hay un reclamo, intenso pero descoordinado, no hay a quien hacerle una oferta.

Los movimientos masivos de protesta social funcionan igual. La oposición puede tratar de aprovecharlos, de subirse al reclamo, pero no los lideran, porque la gente no admite más a los líderes tradicionales, no les cree, solo cree en ella misma. Tiene más credibilidad un avatar de tweeter que un político del partido que sea.

Esto no es nuevo. Esta llegando a la Argentina, empieza a materializarse, pero la Primavera Árabe se organizó por tweeter. Y terminó con un gobierno.

Lo que viene es exactamente esto. El crédito de la clase política se agotó. Cada minuto que pasa nos aproxima al momento en que todos los reclamos sociales se tengan que resolver sin margen para negociar, porque nadie negocia con diez mil avatars de una red social.

Juzgarlo carece de sentido, que sociedad es mejor que la otra, quien sabe. Pero entra en el terreno del ridículo combatir lo inevitable. Es igual que ver las marchas de taxistas contra las aplicaciones de transporte de pasajeros. ¿Alguien cree que estas marchas van a evitar que los jóvenes decidan viajar seguros, bien tratados y en un vehículo higiénico porque haya una marcha? ¿Cuántas piedras les van a tirar a los pasajeros de estos rodados? ¿Diez, cien, mil? En un momento el tiempo nuevo arrasa al viejo por mas resistencia que haya, nos adaptamos o nos quedamos fuera.

Lo mismo le ocurre a la política. Lo que viene, viene. Si un gobierno cree que por haber sido votado hace 15 días, tiene margen para hacer lo que quiere, en estos tiempos, su legitimidad va a durar esos 15 días.

Con cada vez menos interlocutores, la política va a tener que encontrar otro modo de resolver los conflictos sociales, salariales, etc., que no sea la mesita de acuerdos de cinco personas que resuelve sus propios problemas y manda a la gente a su casa, creída que consiguió algo. Eso no existe más.
Horacio Minotti, abogado, consultor en comunicación.
P/BN/CC/rp.

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