jueves 26 noviembre 2020

EE.UU. Un enorme desafío le espera a Joe Biden, confirmado como presidente electo

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Atilio Molteni – Embajador

Las pocas posibilidades que tenía el presidente Trump de revertir los resultados electorales se están desvaneciendo: la justicia de Michigan, Arizona y Pensilvania rechazaron las peticiones republicanas de volver a contar los votos mientras que de los tres Estados cuyos resultados estaban pendientes: Georgia, Arizona y Carolina del Norte, Trump ganó sólo en el tercero (también será vencedor en Alaska, donde todavía está en marcha en el proceso de verificar la votación).

Adicionalmente, el Departamento de Seguridad Interna de la Administración Federal declaró que las elecciones habían sido las más seguras de la historia y que no existían pruebas de que hubieran existido fallas en el sistema electrónico de votos.

El conteo quedó ahora en 306 votos de electores para Biden y 232 para Trump, cuando son necesarios 270 para ser consagrado por el Colegio Electoral, en una elección que es indirecta.

En sus primeras declaraciones oficiales diez días después de las elecciones, el presidente defendió sus medidas contra la pandemia y deslizó indirectamente que las había perdido: “Esta Administración no irá a un confinamiento. Esperamos que, pase lo que pase, quién sabe qué gobierno habrá… El tiempo lo dirá, pero puedo decir que este Gobierno no irá a un confinamiento”.

Es la primera muestra contraria a su insistencia permanente de que sería proclamado como el ganador y reelecto en su cargo por cuatro años más. De todas maneras, puso a su abogado personal Rudolph W. Giuliani, a cargo de los juicios pendientes relativos al resultado final de la elección y de su estrategia legal.

La actitud desafiante de Trump coincide con su historial en los negocios, donde nunca se dio por vencido ante varias posibilidades concretas de quiebras, pero ahora las estadísticas y la voluntad de los votantes le demuestran lo contrario, en una elección que, en muchos sentidos, fue un referendo acerca de su personalidad, que se caracteriza por negarse a compartir éxitos y a no asumir la responsabilidad por los errores, lo que queda en evidencia en el abordaje del Covid-19, donde la falta de políticas de contención adecuadas da lugar a la existencia de más de 180.000 nuevos casos diarios y largas filas de personas que quieren ser testeadas para comprobar si están enfermas.

Las consecuencias de perder la elección en el caso de Trump no sólo van a ser políticas, sino también económicas y financieras, pues deberá enfrentar situaciones impositivas graves y problemas comerciales de sus empresas, que pudo postergar mientras se desempeña en la presidencia. Es el cuarto presidente estadounidense en ejercicio que no logra ser reelecto en los últimos 100 años.

Pero al hacer un balance muy preliminar de su gestión se puede destacar que marcó la evolución de la política estadounidense al acentuar la polarización, al condicionar la lucha contra el deterioro del medio ambiente, al aprovechar las vacantes en la Corte Suprema para designar tres jueces de tendencias conservadoras que cambiaron el equilibrio existente en dicho tribunal, al deteriorar la relaciones con sus aliados globales y al llevar adelante una política exterior no convencional y riesgosa, que incluyó relaciones amistosas con varios gobernantes muy cuestionables, y dejó de lado al liderazgo natural de los Estados Unidos en el mundo.

No obstante sus políticas de confrontación, en esta elección Trump obtuvo más de 72 millones de votos, concitando el apoyo de votantes provenientes de la clase blanca no instruida de zonas agrícolas e industriales afectadas por la globalización; también logró sumar nuevos votantes de origen latino en Estados como Florida y Texas, e incluso afroestadounidenses y de origen asiático, que a pesar de sus políticas de resentimiento racial se sintieron atraídos por sus cuestionamientos a las tendencias progresistas de sectores del Partido Demócrata.

Ahora queda como su legado una combinación entre el “Trumpismo” y la posición tradicional republicana, que tiende a afianzar una mayor polarización y anticipa dificultades para alcanzar compromisos con las demás tendencias políticas, debido a que la mayoría de las bancas del Senado ya son del Partido Republicano (alcanzó a 50 senadores con mandato, que es la mitad de sus miembros), y los Demócratas las pueden igualar sólo en el caso de que obtengan las dos bancas que se disputarán el 5 de enero en una segunda vuelta electoral en Georgia.

Pero ahora que Joe Biden es el presidente electo, la tregua que existió en el Partido Demócrata y que le permitió ganar la elección terminó y se va a reflejar en el contenido de tres decisiones que debe adoptar de inmediato: en la designación de su Gabinete y el resto de la Administración (son cerca de 4.000 cargos políticos o de carrera cuya estabilidad o reemplazo dependen del Poder Ejecutivo), la medida en que los senadores del Partido van a actuar para llegar a acuerdos con el líder de la mayoría republicana en ese Cuerpo, el senador Mitch McConnell, -que tiene una gran experiencia como tal-, aún en el caso que sus candidatos sean electos en Georgia, y cuál va a ser la estrategia del Partido para las elecciones de medio término en 2022.

El Partido Demócrata tiene dos grandes corrientes internas, la que representa la orientación moderada, que integra el presidente Biden, electo en las primarias por el convencimiento de todos los miembros de que era la persona adecuada para ganar la elección a Trump, hipótesis confirmada el 3 de noviembre, y la orientación progresista (personificada, entre otros por los senadores Bernie Sanders y Elizabeth Warren), que aboga por una acción agresiva contra la pandemia, la crisis económica, la defensa del medio ambiente, la expansión de los derechos de votación, la reforma de las policías y modificar la influencia de los intereses económicos en la política, propuestas que tienen reparos, en principio, para los republicanos.


Biden es una persona muy calificada para conocer que se puede obtener en una negociación en el Senado, por los años en que se desempeñó en ese cuerpo y sus dos mandatos como vicepresidente de la Administración Obama, desde 2008 al 2016, y por las cualidades de su personalidad en el ejercicio práctico de la política y por su autenticidad, que le permite comunicar su empatía con los votantes y con sus contrapartes.

Con relación a sus prioridades legislativas, en su momento declaró que en sus primeros cien días de mandato va a “reparar y construir nuevamente para superar la ruina económica y la crisis del sistema de salud causadas por el fracaso del presidente Trump de proteger América”. Pero para llevar esos objetivos adelante necesita promover propuestas que sean aceptables para sus opositores y presentar candidatos para su Gabinete que estén en condiciones de recibir el Acuerdo del Senado, -y que a la vez reflejen la gran diversidad de su Partido y del país-, es decir, para ser designados requieren no sólo el voto demócrata sino también algún número de senadores republicanos.

Para algunas decisiones de carácter político el presidente Biden puede hacer uso de Acciones Ejecutivas, pero para otras es muy posible que trate de avanzar a través de un proceso de negociación bipartidario haciendo concesiones que le aseguren obtener los objetivos buscados, es decir la construcción de consensos para obtener resultados. Es decir, que el compromiso puede ser la forma del presidente electo de avanzar para solucionar las diversas crisis estadounidenses. Si esta conducta se lleva a la práctica y es exitosa, puede convertirse en un buen ejemplo para los políticos argentinos.
Atilio Molteni -Embajador
IN/BN/CC/rp.

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