jueves 9 diciembre 2021

“La razón es, y sólo debería ser, esclava de las pasiones” David Hume

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Grieta, pasión o razón

Por Eduardo A. Moro

En términos generales una grieta es una abertura alargada y estrecha en la superficie de un cuerpo sólido. Esta aproximación a su significado nos sugiere que alude a una parte principal y a otra complementaria. Si hablamos de grieta política y hacemos una simplificación, lo sólido podría referirse a la nación, respecto de la cual existirían -con función dialéctica- las diversas visiones y acciones de sus miembros para organizar la convivencia.

En ese entendimiento podríamos preguntarnos si todas las grietas políticas son necesariamente perjudiciales, como piensan quienes desearían su desaparición. O si hay algunas que, por sus características e intensidad, son aceptables y compatibles con la actitud democrática y sus reglas de juego civilizadas. Esto es, que no superan los límites al punto de arriesgar la unidad nacional.

Ningún grupo, partido o movimiento político puede apropiarse del todo de la nación en base a la exclusión de otros grupos, con el argumento de ser la mayoría. Si lo pretendiera dejaría fuera de la nación a todo lo demás. Si la nación fuese sólo el grupo mayoritario, estaríamos en presencia de una pretensión totalitaria. Sería una identificación estéril concentrada al no admitir la presencia de minorías discrepantes y la posibilidad de alternativas para generar cambios, dentro del mismo marco de consensos fundamentales.

Creo oportuno citar parcialmente a dos ensayistas, que piensan diferente pero -a mi juicio- efectúan apreciaciones que ayudan a mirar hacia las grietas y sus límites desde perspectivas distintas.

Por una parte a Ernesto Laclau: (…) Sin una cierta confrontación, ningún sistema político democrático es viable (…) Entonces la gente empieza a sentirse no representada por el sistema de alternativa que el gobierno expresa (…) si la gente no se ve confrontada con alternativas reales, hay indiferencia. Las expresiones de protesta, entonces, vienen de afuera del sistema (…). Y, por otra parte, a Carlos Altamirano: (…) sería bueno que los intelectuales ayuden a dejar atrás la “ley de la discordia” y a consolidar una democracia que respete las reglas del juego y reconozca que nadie pueda atribuirse por sí solo la representación total del pueblo (…)

Pienso que las diferencias y las confrontaciones son saludables si se producen dentro de la convivencia de respeto mutuo, con pluralismo activo e integrador del conjunto. No lo serían en caso contrario; aunque hay ejemplos de ejercicios posibles sin ser necesaria y objetivamente censurables, como el Brexit inglés ante la Unión Europea o las reivindicaciones regionalistas al estilo de Cataluña.

Oscar Wilde dijo alguna vez: puedo resistirme a cualquier cosa menos a la tentación. Y yo no resisto vincular lo anterior –sin que sean sinónimos- con los conceptos de razón y pasión indisolublemente presentes en la condición humana, entre los que también se ha intentado percibir una grieta que deberíamos cerrar.

Aquí acudo a Bertrand Russell: (…) “Razón tiene un significado perfectamente claro y preciso. Significa la elección de los medios adecuados para lograr un fin que se desea alcanzar. No tiene nada que ver con la elección de los fines. Pero los enemigos de la razón no se dan cuenta de esto, y piensan que los defensores de la racionalidad quieren que la razón dicte los fines al igual que los medios. (…) Los deseos, las emociones, las pasiones (se puede elegir la palabra que se desee) son las únicas causas posibles de la acción. La razón no es la causa de la acción, sino sólo un regulador (…)

Podríamos inferir entonces que la aseveración genérica que adjudica irracionalidad a las pasiones no es correcta. Se trata de cosas muy diferentes, pero relacionadas. Sin pasiones no hay impulso vital. Sin racionalidad es muy difícil organizar la convivencia de manera civilizada entre quienes piensan diferente, sienten diferente y viven con diferencias, innatas o adquiridas.

Como puede verse el universo democrático es tan amplio como diverso, y contiene grietas infinitas -previsibles o insospechadas- que, entre otros temas, admiten la convergencia de pasiones y racionalidad en su justa medida y función creativa.

Eduardo A. Moro
CC/BN/gentilezww.nuevospapeles.com/grieta,pasion,razón/rp.

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