sábado 15 mayo 2021

Sebastián Gordín en la Fundación Klemm: Mucho más que una cuestión de escala

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Por Eleonora Jaureguiberry

“Con la plata del premio no sabía si ir al supermercado o producir obra”, decía Sebastián Gordín (Buenos Aires, 1969) frente a su producción reciente, en exhibición desde la semana pasada. Se refería al Premio Federico Jorge Klemm a las artes visuales que el artista ganara en 2018; afortunadamente la pulsión por hacer arte prevaleció y hoy podemos asomarnos a lo que Gordín estuvo experimentando en estos raros tiempos nuevos.

Artista idiosincrático y de culto, su obra escasa y preciosista se vendía en los años dorados de Arteba tan rápido como salía al mercado; su consagración ante un público más vasto ocurrió de la mano de la extraordinaria retrospectiva que organizó en 2014 el Museo de Arte Moderno, “Un extraño efecto en el cielo”.

Allí estaba exhibida su producción temprana: pinturas y objetos-miniatura engañosamente naif al que algunos críticos atribuyen una “mirada-niña” y que me parece más adecuado describir como una mirada informada y profunda de la cultura popular transformada en puro concepto. Desde esas primeras cajas y tapas de revistas de madera se percibe una tensión que pareciera describir con rara exactitud la materia de la que está hecha la vida.

También allí podía verse, toda junta, su célebre serie de maquetas que, sin falla, producen reconocimiento y asombro. Algunas reproducen en escala lugares que todos conocemos; otras son invención pura, y sin embargo son más íntimas y aterradoras que cualquier espacio del mundo real. La pericia técnica y el gusto por el detalle son tan sorprendentes como los mundos que las maquetas encierran.

La muestra que Sebastián Gordín inauguró el miércoles pasado en la Fundación Klemm nada tiene que ver con la del Moderno: ocupa sólo una sala en donde se armaron tres mesas que convergen en un centro, sobre las cuales está apoyada la obra al alcance de la mano, sin vitrinas, sin maquetas y, sin relato aparente.

Según el artista, desde hace un tiempo trabaja impulsado por la necesidad de profundizar uno de los procesos fundantes de sus obras: el de explorar la relación entre objetos cuyo parentesco visual y de significado no pareciera existir. En términos prácticos, Gordín recorre incesantemente ferias, mercados, negocios y remates en busca de no sabe qué, ni para qué, ni por qué, ni cuándo, si alguna vez…. Hasta que lo encuentra.

Esta ecléctica colección luego es clasificada en su taller; las piezas comienzan entonces un azaroso camino de diálogo con otras piezas, encontradas o producidas por el artista, que pueden plasmarse en obra… o no. Conmueve imaginarlo absorto, ignorante de pandemias planetarias y de la crisis del mercado del arte, enfrascado en descubrir las relaciones misteriosas que se establecen entre la poesía de los objetos y su oficio.

El resultado es una muestra al mismo tiempo minimalista y extravagante, que nos sumerge de lleno en el proceso de exploración y consolidación de un lenguaje relajado, confiado en el humor y el absurdo de sus ensamblajes, tan arbitrarios en algunos casos como la vida misma.

Lo curioso es que este compilado de experimentos puede leerse en clave de los géneros históricos de la pintura. En efecto, “Retrato de Doña María Cubetas” y “Retrato de un pintor moderno” son una reinterpretación de uno de los géneros del arte por antonomasia; la maravillosa “Sangre y Madera”, en la cual dos mesas interpretan una corrida de toros, como una escena de costumbres; “Los duelistas” y “Las cuatro comidas del rey”, dos joyas de madera torneada por el artista en donde se permite (novedad!) la imperfección, como escenas históricas, y “El viaje exótico de Maike” (en donde incluye un elefante traído por una tía de un viaje a Africa que es una reliquia familiar), y “Mis piernas rojas mi sangre rouge” (una caja que incluye una reversión de la escena de magia clásica de la mujer cortada en dos), como herederas del grotesco argentino. Claro que esta última tiene además un texto de su hija Gaia… la palabra, como poesía, texto de historieta, exvoto o canción, siempre está presente.

Si de palabras hablamos, se me ocurre una para describir el camino de Sebastián Gordín: libertad. Su obra es independiente de las tendencias, de las modas y de las opiniones, y se afirma en una visión –una versión- del mundo. También me vuelven los versos finales del poema “Yo” de Jorge Luis Borges:
“Más raro es ser el hombre que entrelaza
palabras (objetos) en un cuarto de una casa”.
Amén.
Eleonora Jaureguiberry
Socióloga. Gestora Cultural
CC/NB/CC/rp.

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