lunes 1 junio 2020

La política exterior de Alberto Fernández parece priorizar ideología a intereses del Estado

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«Es muy preocupante que en solo seis meses de gestión, el gobierno haya tenido incidentes prácticamente con todos nuestros vecinos» señaló el Dr. Mariano Caucino, ex embajador en Israel y Costa Rica, miembro del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (CARI), del Instituto de Política Exterior de la Academia de Ciencias Morales y Políticas y del InterAmerican Institute for Democracy (Miami, EEUU).

En diálogo con Visión Federal Noticias, Caucino efectuó un análisis sobre la política exterior de la Argentina, y queda en evidencia que el país ha retrocedido en su presencia internacional: “Piense una cosa: hace cuarenta años, en 1980, la participación argentina en el comercio global representaba el 1 por ciento del total mundial. Hoy es apenas el 0,6%. Es decir, nos hemos encogido, en términos relativos, a la mitad. Hoy la Argentina representa la mitad de lo que representaba hace cuarenta años”.

Caucino respecto a la política que desarrolla la Casa Rosada enfatizó: “El presidente tiene que entender que la geografía es el factor más importante de las relaciones internacionales. Usted puede cambiar de ideas, puede cambiar de partido, puede cambiar de aliados, pero no puede alterar la geografía” y remarcó: «Sería bueno entender que el mundo es una oportunidad y no una amenaza” y que las “relaciones entre Estados deben conducirse en base a criterios de Estado y no en base a caprichos personales o a gustos ideológicos

Texto completo de las declaraciones a este medio del Dr. Mariano Cacucino, abogado (UBA) que se ha dedicado a la política internacional, tanto como docente, investigador y diplomático.

Ud. suscribió una Declaración Binacional de Buena Voluntad por la Hermandad e Integración Binacional frente a la Pandemia en la que destacadas personalidades argentinas y chilenas invocan principios de cooperación, convivencia, e institucionalidad para afrontar la pandemia del COVID-19. ¿Qué impacto generó esta declaración en ambos países?
Se trata de una iniciativa de un grupo de dirigentes políticos y legisladores de Mendoza, junto a pares suyos chilenos, que luego se extendió a todo el país y que busca encontrar puntos en común con Chile. La declaración surgió en un momento en que la Cancillería chilena planteó las molestias del gobierno Sebastián Piñera, a partir de algunas declaraciones poco felices del presidente argentino durante una cumbre del llamado «Grupo de Puebla». Fueron Francisco Chahuán, Senador Nacional de Renovación Nacional desde Chile, Guillermo Mosso, Diputado provincial por el Partido Demócrata de Mendoza y Carlos Aguinaga los impulsores de esta iniciativa, que me parece muy valiosa y que integran diputados, senadores, ex ministros y ex embajadores de nuestro país. Piense una cosa, nosotros compartimos con Chile cinco mil kilómetros de frontera. La relación con Chile es central para nuestro desarrollo futuro que se remonta a las iniciativas del ABC de hace ya más de cien años. La integración con Chile es fundamental dado que nosotros, junto a nuestros socios del Mercosur, tenemos que alcanzar la dimensión bioceánica. Es fundamental poder obtener una integración física, comercial e institucional. Chile es una enorme ventana al Pacífico. Es decir, una ventana al mercado del Asia-Pacífico que es la zona del mundo de mayor dinamismo de nuestros días. Siempre me acuerdo de un ex embajador chileno en Buenos Aires, el embajador Guareschi, quien citaba una frase que creo que era de Neruda, que decía algo así como que un puente era un hombre cruzando un puente. No se exactamente si la frase era de Neruda, me puedo equivocar en la cita, pero el concepto es lo que vale. Lamentablemente, durante el gobierno de los Kirchner la relación se había deteriorado. Usted recuerde que de un día para el otro, Kirchner le cortó el gas a Chile. Violó los contratos que se habían firmado en tiempos del presidente Menem. Fueron muchos años de animosidad. Por suerte después tuvimos a un gran embajador como José Octavio Bordón que hizo un gran trabajo en Santiago. En términos generales lo que creo valioso es destacar la necesidad de mantener el mejor vínculo posible con los chilenos y con nuestros vecinos en general. Piense una cosa, en este momento, cuando han transcurrido solo cinco o seis meses de gobierno, esta Administración ya tuvo incidentes diplomáticos con varios países vecinos, algo verdaderamente inconcebible. Una pena.

¿Consideran la posibilidad de darle continuidad a este tipo de iniciativas ?
Ojalá que si. En el pasado reciente hubo experiencias positivas. En 2014-2015 en el Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales funcionó una iniciativa que en su momento impulsaron los embajadores Juan Pablo Lohlé y Andrés Cisneros y contó con el auspicio del titular del CARI, Adalberto Rodríguez Giavarini; consistió en reunir a los que eran asesores en política exterior de los tres candidatos presidenciales de aquel momento, Macri, Scioli y Massa. Yo tuve el honor de haber sido convocado a ese grupo, a pesar de que era relativamente joven en ese momento y que integraban el mismo figuras con mucha trayectoria. Recuerdo que en ese entonces prácticamente todos coincidíamos en el diagnóstico y en la formulación de acuerdos mínimos sobre cómo reconfigurar una política exterior moderna para la Argentina.

¿Y qué resultados tuvo?
Creo que muy positivos. Fue muy relevante haber podido reunir coincidencias y consensos en torno a un diagnóstico sobre la situación y lo que debía hacerse. Muchos de los integrantes fuimos parte de la política exterior del gobierno anterior. Y algunos no pertenecíamos al PRO ni a la Unión Cívica Radical. Es más, la mayoría de los embajadores políticos que nombró el presidente Macri tenían orígen en el peronismo, aunque parezca mentira. Piense que Diego Guelar, Ramón Puerta, José Octavio Bordón, Carlos Magariños, el propio Jorge Faurie que llegó a ser canciller, Fulvio Pompeo, Roberto García Moritán o yo mismo habíamos militado en el peronismo o habíamos estado vinculados al PJ de una u otra manera. Creo que algún día se le reconocerá eso al gobierno anterior.

¿Qué piensa de la política exterior del gobierno de Macri?
Pienso que la política exterior fue una de las mejores facetas de su gobierno. Junto con la política de Seguridad que llevó adelante la ministra Patricia Bullrich. Entiendo que fueron las dos áreas en las que realmente se pudo ver un cambio significativo en forma positiva. Tenga en cuenta que para fines de 2015 estábamos prácticamente peleados con todos los países de la región y teníamos una política deliberadamente anti-occidental. El gobierno de los Kirchner llegó a firmar un acuerdo con el régimen de los Ayatolas de Irán, algo verdaderamente demencial.

¿Y qué más rescata de las administraciones anteriores en materia de política exterior?
Pienso que el presidente Alfonsín cumplió un rol muy positivo en restaurar la democracia en la Argentina. Creo que su política democrática le cambió la imagen a un país que venía de una noche muy oscura con una dictadura terrible, que había tenido un récord de violaciones a los derechos humanos espantoso, un fracaso económico gigantesco y una derrota militar en Malvinas. En ese sentido, Alfonsín fue muy positivo. Además dio el impulso inicial al Mercosur y a la paz con Chile. Son logros muy importantes. Creo que por otro lado, se enamoró tal vez excesivamente del discurso socialdemócrata que promovía su canciller Dante Caputo, un hombre muy culto pero a mi juicio con ideas un tanto equivocadas. Mi impresión es que la política de Caputo fue demasiado tercermundista, acaso por una ambición personal de ser elegido presidente de la Asamblea General de las Naciones Unidas y ello lo llevó a no comprender la tendencia global que ya era evidente en la segunda mitad de los años 80 y consistía en que el bloque socialista estaba en franco retroceso. Piense que en la propia Unión Soviética ya en aquellos años se iniciaron las reformas de Gorbachov. En tanto, creo que debe rescatarse el intento modernizador de los años de Menem y Cavallo en su primer gobierno. Mi opinión es que la política exterior de Menem será valorada como una de las mejores en muchas décadas. Por primera vez, Menem logró una imagen de un peronismo moderno, democrático y amigo de Occidente. Porque hay que recordar que Juan Perón intentó hacer lo propio en su segunda presidencia, con su acercamiento a Eisenhower, el contrato con la California y su voluntad inicial de enviar tropas a Corea, pero no llegó a lograrlo, cosa que si pudo concretar Menem. No hay que olvidar que fue el primer presidente en visitar Israel. Recuerde que Menem logró consolidar el proceso de integración con nuestros vecinos que había iniciado Alfonsín con la firma del Tratado de Asunción en marzo de 1991 que dio nacimiento al Mercosur. También creo que en ese sentido debe rescatarse lo que hizo el gobierno de Fernando de la Rúa, que en lo esencial, mantuvo las líneas generales de política internacional de su antecesor. La política exterior de Duhalde tuvo cosas positivas y otras no tanto. Un gran acierto del canciller Ruckauf fue tener excelentes colaboradores, como Martín Redrado, Marcelo Elizondo, entre otros. Un error creo que tuvo lugar al final de su gobierno cuando, en medio de la campaña electoral, se dejó influenciar por Kirchner y cambió el voto en favor de Cuba, pero sería largo explicarlo. Le diré una cosa, considero que la falta de una lectura correcta de lo que sucedió en los 80 y los 90 es un impedimento para pensar el futuro. Es decir, hay una suerte de malentendido sobre por qué la experiencia de los ochenta y los noventa fue exitosa o defectuosa. A veces tiendo a creer que hemos perpetuado todo lo malo y hemos abandonado todo lo bueno.

Nuestro país sostuvo posiciones unilaterales y erráticas en el Mercosur, nunca explicadas con precisión y mucho menos debatidas en la esfera pública, pese a considerarse una de las pocas políticas públicas que se mantuvieron a lo largo del tiempo e independientemente del gobierno de turno. Podría describir la situación en la que se encuentran las negociaciones tendientes a lograr acuerdos de libre comercio con países como Corea del Sur o India y bloques como el de la Unión Europea o la alianza del Pacífico?
La voluntad del gobierno nacional fue expresada el 24 de abril por el secretario de Negociaciones Económicas Internacionales y fue muy concreta. Ese día, el gobierno de Alberto Fernández anunció que la Argentina se retiraba de las negociaciones que el Mercosur estaba realizando con nuevos mercados. Fue, sin dudas, una decisión equivocada. Más teniendo en cuenta que las decisiones en el Mercosur se adoptan por unanimidad de modo que usted siempre tiene la posibilidad de vetar una decisión. Por lo tanto, no hace falta ser un genio de la diplomacia como Metternich o Talleyrand para advertir que lo mejor en esas circunstancias es permanecer en la mesa de negociaciones y eventualmente ejercer el derecho de veto que nos asiste como miembros fundadores y plenos del bloque. La realidad es que lo que hizo la política exterior de Alberto Fernández-Felipe Sola responde a una subordinación de los intereses nacionales en función de razones ideológicas. Ese mismo día, el presidente Fernández participó de una reunión con el Grupo de Puebla, una agrupación de ex mandatarios y dirigentes de izquierda. En mi opinión, Alberto Fernández tiene todo el derecho del mundo a tener las ideas que quiera en esta etapa de su vida política, pero lo que no puede hacer es comprometer a la República Argentina en pos de un capricho ideológico. Tampoco corresponde que actúe en base a gustos personales. Yo puedo entender que no le caiga simpático el presidente del Brasil, pero es el presidente del Brasil. Usted no elige a sus vecinos. El presidente tiene que entender que la geografía es el factor más importante de las relaciones internacionales. Usted puede cambiar de ideas, puede cambiar de partido, puede cambiar de aliados, pero no puede alterar la geografía. Las montañas, los ríos, los territorios son inalterables. Le guste o no, tiene que convivir con los líderes elegidos de los otros países.

Más tarde el canciller intentó explicar qué habían decidido, ¿qué piensa de ello?
Mi sensación es que el canciller quedó en una situación incómoda. Buscó explicar lo inexplicable. A veces tiendo a pensar que el canciller está ejecutando una política que no comparte. Pero en todo caso, no tiene importancia. Lo que importa en política es lo que uno hace, no lo que pueda pensar en su fuero íntimo. Hay gente que tiene la impresión de que la política exterior no la decide el canciller, quizás tampoco el presidente en forma plena. Es algo que se comenta permanentemente en los medios y en el ámbito diplomático. Y eso no es bueno. A veces da la impresión que el canciller y el mismo presidente tienen una presión enorme del sector político que lidera la vicepresidente quien, evidentemente, tiene ideas claras y concretas. A mi puede no gustarme como piensa pero no puedo dejar de reconocerle que ella tiene una solidez en sus ideas de la que carecen los otros actores. Piense usted que el canciller actual fue secretario de Agricultura de Menem y Cavallo. Hizo una gran tarea en aquellos años. Fue un gran secretario de Agricultura. Es una pena que haya abandonado aquellas ideas que eran modernizadoras. El otro día se lo vio malhumorado en su presentación en el Senado. Hasta terminó insultando a una senadora. No quiero imaginar lo que habría sucedido si un ministro de otro gobierno hubiera agredido a una legisladora mujer en otra etapa. Tampoco apareció ninguna queja del Ministerio de defensa de las Mujeres en este caso. En todo caso, sus explicaciones resultaron bastante insatisfactorias.


¿Y cuál cree que es la lógica detrás de estas decisones?
Yo creo que la única explicación posible es la que suponer que el gobierno optó por anteponer la ideología a los intereses nacionales permanentes. Conviene tener en cuenta un dato: nuestra participación comercial relativa en el mundo ha disminuido notoriamente y esa es una de las explicaciones del aumento de la pobreza en la Argentina. Piense una cosa: hace cuarenta años, en 1980, la participación argentina en el comercio global representaba el 1 por ciento del total mundial. Hoy es apenas el 0,6%. Es decir, nos hemos encogido, en términos relativos, a la mitad. Hoy la Argentina representa la mitad de lo que representaba hace cuarenta años. ¿Qué hemos hecho en el medio? Evidentemente, hay errores que corregir. Es evidente que la Argentina necesita más mercados y no menos.

¿Quedó dañada la reputación de Argentina dentro del bloque del Mercosur, luego de la marcha y contramarcha a la que se sometió sin justificación político/técnica suficiente ?
Según la información que me ha llegado, en las autoridades de los países vecinos hay un cierto «asombro» por la actitud del gobierno argentino. Creo que aplicarán la fórmula de la paciencia estratégica, es decir, esperar. Espero que más temprano que tarde, las autoridades argentinas entiendan que el país necesita más mercados y no menos. Sería bueno entender que el mundo es una oportunidad y no una amenaza. Tenemos un país en condiciones de producir para exportar. Tenemos un país inmenso, el octavo territorio más grande del mundo, pero tenemos una población relativamente pequeña. Es evidente que es necesario integrarnos más y mejor. Por eso es muy importante que el gobierno actual no reitere los errores cometidos entre 2003 y 2015. Es fundamental entender, a mi modo de ver, que hay que hacer los mayores esfuerzos por volver a restaurar los vínculos con nuestros vecinos. Piense una cosa: la relación con Brasil es esencial para nuestro desarrollo. ¿A usted le parece que es posible que el presidente argentino no haya tenido tiempo en los casi seis meses que lleva al frente del país para mantener una entrevista con su par brasileño? Creo que algunos actores del oficialismo actuaron bien. Por caso, el presidente de la Cámara de Diputados Sergio Massa tuvo un gesto muy positivo al viajar a Brasilia para reunirse con su par. Entiendo que Massa comprende este fenómeno y usó la llamada «diplomacia parlamentaria» de un modo concreto y correcto. De la misma manera creo que Daniel Scioli es una persona muy calificada para ser embajador en el Brasil. El entiende perfectamente cuál es el interés nacional en el sentido de que comprende que los intereses de la Argentina están mejor atendidos con una política basada en los lazos de confianza y amistad con los vecinos y no a través de una política de confrontación y enfrentamiento. Creo que el presidente tuvo un acierto al elegir a Scioli como embajador en Brasil. Es un hombre de diálogo, con gran experiencia internacional. Recuerde usted que cuando Néstor Kirchner no quería recibir embajadores, las cartas credenciales se presentaban ante el vicepresidente Scioli.


¿Qué le recomendaría hacer al gobierno en materia de política exterior?

Bueno, yo no soy nadie para dar consejos. El gobierno ha ganado legítimamente las elecciones y tienen derecho a hacer la política exterior que les parezca. Pero al mismo tiempo, los opositores tenemos derecho y obligación de marcar lo que nos parece incorrecto, y el presidente no puede enojarse por ello. El también fue opositor y dijo y escribió cosas espantosas sobre quien ahora es su vicepresidente. Pero respondiendo a su consulta, lo que habría que hacer, a mi modo de ver, es entender que las relaciones entre Estados deben conducirse en base a criterios de Estado y no en base a caprichos personales o a gustos ideológicos. Y otra cosa que debería evitarse es incurrir en asuntos internos de otros estados. Desde la paz de Westfalia, este mundo está organizado en base a un sistema de estados soberanos en el que la política interna está reservada a cada estado y sobre la cual los demás gobiernos no deben intervenir. La segunda regla del sistema es que el interés nacional debe prevalecer sobre la ideología. No se olvide de una cosa, en pleno siglo XVII, en medio de las guerras religiosas que asolaron a Europa, el cardenal Richelieu no dudó en aliarse con los protestantes para salvaguardar los intereses nacionales de Francia. ¿Usted cree que un hombre de la Iglesia como Richelieu no hubiera preferido mantenerse fiel a sus principios católicos? Sin embargo, entendió que los intereses de seguridad de Francia estaban amenazados por la pretensión de los Habsburgo de reconstruir un poder católico que rodearía a su país y lo disminuiría a un estatus político de potencia de segundo orden. ¿Usted cree que el presidente Richard Nixon y su asesor de seguridad nacional Henry Kissinger, que eran fervientes anti-comunistas, tenían simpatía por el régimen comunista chino de Mao cuando hizo la apertura a China en 1972? No, seguramente no. Pero lo hicieron en atención al interés nacional de los Estados Unidos porque la potencia a contener en ese entonces era la Unión Soviética. Lo que le quiero decir es que en política internacional, la clave es comprender el interés nacional del país y no hacer un juego que atienda exclusivamente a las preferencias ideológicas o las afinidades personales de los gobernantes de turno.

Las organizaciones internacionales no se encuentran en su mejor momento en lo que respecta a la aprobación de sus estrategias ni a su desempeño, particularmente la OMS. Todas se pronunciaron ante la pandemia, emitieron comunicados y aplicaron recursos para contribuir a la defensa de la salud, de la educación y de los derechos humanos en un sentido amplio. ¿Cumplieron con las expectativas que la comunidad internacional esperaba de ellas?
Bueno, evidentemente existe en el mundo actual un serio cuestionamiento a la actitud de las autoridades de la Organización Mundial de la Salud. En lo concreto, existe una acusación muy complicada en contra del director general del organismo por parte de los Estados Unidos. El gobierno norteamericano ha acusado al director general de la OMS de haber ocultado los datos sobre el origen de la pandemia para favorecer la posición de China. Como usted puede suponer, yo no dispongo de información suficiente como para decirle quién tiene razón. Solo puedo hacer una evaluación sobre lo que parece ser una verdad inobjetable que es que, una vez más, el sistema multilateral ha mostrado, como mínimo, sus limitaciones. Ahora, usted puede preguntarme qué creo yo que debería hacerse. Es un tema paradójico porque la respuesta debería ser fortalecer estos organismos, dado que la necesidad de mayor coordinación y cooperación internacional es más que evidente. Es un tema complejo. Muy complejo, porque a su vez la respuesta inicial de los estados nacionales es recluirse en una suerte de repliegue nacional. Lo cual, nos guste o no nos guste, tiene un elemento lógico como reacción primaria. El problema es que el mundo actual presenta las características simultáneas de una creciente importancia derivada de la acción de actores no estatales y, al mismo tiempo, persiste una realidad concreta y es que el mundo está configurado en base a un sistema de estados nacionales soberanos.
P/BN/CC/rp.

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