La Habana. Este 2023, Cuba acoge la reunión del G77+China, un organismo que tiene su origen en 1964 y que integra a 134 naciones del denominado Sur Global. El objetivo de esta organización es dar voz a los países en vías de desarrollo frente a las principales potencias económicas del hemisferio occidental. Durante los últimos años, su importancia ha ido en aumento gracias a la presencia de potencias emergentes, aunque también se ha puesto en duda su capacidad de actuación y de llegar a acuerdos, viéndose ensombrecida por otros foros como los BRICS o el G20.
Este 15 y 16 de septiembre Cuba acoge la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno del G77+China. Una organización que cuenta con casi 60 años de historia, en los que se ha podido aglutinar bajo el mismo paraguas a 134 naciones soberanas, todas ellas pertenecientes al Sur Global. El objetivo de esto es hacer contrapeso a otras organizaciones económicas y políticas que engloban a las mayores potencias occidentales, como el reconocido G7. Sin embargo, a pesar de sus intenciones, en estas décadas apenas se han llegado a grandes acuerdos vinculantes entre sus miembros.
Para entender el origen de esta organización toca remontarse al contexto de la Guerra Fría en el año 1964. El mundo funcionaba en una dinámica bipolar que enfrentaba al bloque capitalista, liderado por Estados Unidos, y al comunista, que tenía al frente a la Unión Soviética. Sin embargo, en medio de esa polarización, surgió un tercer grupo de naciones que, en su mayoría, venían de un pasado colonial y buscaban reivindicarse como Estados independientes y crecer.
Ese espacio fue ocupado en un primer momento por el Movimiento de los Países No Alineados, creado en la Conferencia de Bandung de 1955, en Indonesia. Sin embargo, pronto los intereses de estos jóvenes Estados fueron más allá de la retórica de neutralidad y postcolonialidad -que en muchos casos no se cumplió- y es ahí cuando surge el G77, una institución cuya finalidad es promover acuerdos económicos y comerciales entre los países del sur para fomentar su desarrollo de forma independiente a los países industrializados.
Un enfoque que cobró más relevancia incluso que el Movimiento de los No Alineados, especialmente tras la caída de la Unión Soviética y el final de la Guerra Fría.
Su importancia se hizo más evidente con la suma de China como miembro no oficial en 1992. El gigante asiático toma parte desde entonces de las decisiones de esta organización y su papel como gran potencia económica de contrapeso al G7 tiene una gran importancia para el G77. Junto a China hay otras grandes potencias emergentes como India, Brasil o Sudáfrica, quienes también tienen un peso importante en la organización.
Pero uno de los grandes problemas de esta organización radica en la desigualdad entre sus miembros. Mientras organizaciones como el G7 o la OCDE cuentan con miembros con características económicas y objetivos políticos similares, el G77+China posee a 134 naciones con contextos, intereses e ideologías radicalmente contrapuestos.
Todo ello sin contar con que las potencias emergentes del G77+China a veces también forman parte de otras organizaciones internacionales en las que se busca cooperar con las potencias históricas, como por ejemplo el G20. Algo que dificulta que el G77+China pueda «unificar» los intereses del sur global.
Esta es la razón por la que hasta la fecha no se han alcanzado grandes acuerdos en el seno de la organización, más allá de un tratado comercial que prioriza la exportación de bienes agrícolas entre países del sur, algo que es muy reducido a comparación de lo logrado por el G7, el G20 o la OCDE.
Esta disparidad de los objetivos también ha hecho que intereses compartidos como replantear el orden internacional que se forjó tras la Segunda Guerra Mundial, tampoco se hayan logrado, a pesar de que lleva tiempo planteándose.
Sin embargo, algo que es innegable es que los países de esta organización cada vez tienen mayor peso económico y político en el mundo. Los 134 países miembros del G77+China representan al 80% de la población mundial, poseen algunas de las economías que más rápido crecen en el mundo y la mayoría de recursos petroleros, minerales y naturales del planeta. Recursos que son fundamentales también para los intereses de las potencias occidentales.
Esta baza hace que su importancia sea clave para las próximas décadas. La única duda es si, como organización, el G77+China sabrá articularse como una alternativa, favoreciendo también el desarrollo de sus miembros más pobres. O si, por el contrario, las potencias emergentes decidirán tomar un camino propio dando más peso a organismos como los BRICS.
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