El sábado, Trump publicó en su red social Truth Social un meme inspirado en la película ‘Apocalipsis ahora’, en el que se presenta como héroe frente a una Chicago en llamas y sobrevolada por helicópteros. Un día después, al salir de la Casa Blanca, declaró: “No vamos a la guerra. Vamos a limpiar nuestras ciudades”.
Así, tras semanas de prometer que desplegaría las tropas de la Guardia Nacional en Chicago, el Gobierno Trump aseguró que había lanzado una ofensiva de deportaciones en Illinois dirigida a “criminales” entre los inmigrantes irregulares.
El Departamento de Seguridad Nacional confirmó que la operación estaba a cargo de ICE, pero no entregó más detalles.
Por el momento, queda por ver si —como lo prometió el presidente— enviará soldados de la Guardia Nacional a Chicago para acompañar a ICE y otros agentes del orden público federal.
Las autoridades locales reaccionaron con críticas. El gobernador de Illinois, JB Pritzker, y el alcalde de Chicago, Brandon Johnson, denunciaron no haber recibido notificación oficial sobre el operativo y lo calificaron como un “truco político” destinado a intimidar.
La controversia se intensificó aún más porque el anuncio coincidió con una decisión de la Corte Suprema, que en una votación de 6 a 3 permitió a los agentes federales en el sur de California reanudar las llamadas “patrullas itinerantes”. El fallo autoriza detener a personas por su raza, etnia, idioma o acento, incluso sin sospecha razonable de estancia irregular en el país.
La Corte accedió a una solicitud de emergencia de la Administración Trump para levantar una orden que bloqueaba este tipo de prácticas en Los Ángeles y el sur de California.
En ese contexto, surgen las preguntas: ¿hasta qué punto el nuevo operativo de Trump, que se suma a una baraja de acciones contra la migración, pretende luchar contra el crimen?? ¿O se trata más bien de una estrategia “autoritaria” e “intimidatoria” como lo han denunciado sus detractores?
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