jueves 9 diciembre 2021

Alemania: “Merkel o el destino europeo” después del Coronavirus

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Si no ocurre nada extraordinario, en setiembre de 2021, el mundo, en general, y Europa, muy en particular, comenzarán a extrañar a la canciller de la República Federal Alemana, la nacida en Hamburgo hace 65 años, doctora en física Angela Dorothea Merkel.

Para esa fecha, Merkel cumplirá su cuarto mandato –comenzó en 2005- al frente de la cancillería, el gobierno alemán. Habrán sido 16 años, ya lleva casi 15, de conducir a la primera economía de la Unión Europea.

No resulta exagerado decir que, hoy por hoy, en cualquier encuesta, la aprobación hacia la conservadora canciller Merkel muestra niveles que alentarían la envidia –sana o no- de cualquier político del mundo que encabece su país, sin echar mano a ningún recurso totalitario o, ni siquiera, autoritario.

No, la canciller Merkel genera consenso dentro de un marco de libertad y tolerancia acompañado por una eficaz administración. Desde hace 6 años y medio gobierna en coalición con los socialdemócratas. Nadie lo nota. El gobierno alemán es ella.

Alguien puede imaginar que se trata de otra Dama de Hierro como fue la ex primera ministro británica Margareth Thatcher. Todo lo contrario, la canciller gobierna a través de acuerdos. Sabe escuchar y toma su tiempo, nunca mucho, jamás poco, antes de decidir.

Tampoco es omnipresente como tantos aspirantes a la trascendencia que pululan por el mundo. En casi quince años de gobierno, solo utilizó las cámaras de televisión a razón de una vez por año para… el saludo de Navidad. La única excepción, este año, cuando se dirigió, una única vez, a la Nación por el coronavirus.

Es que la canciller Merkel evidencia, siempre, una preferencia por la discreción. Una discreción que no solo no la coloca en el olvido, ni en el menosprecio, sino que, por el contrario, la catapulta al grado de “mujer más poderosa del mundo” en 2019, según la revista Forbes. Calificación que logra por decimotercera vez.

Unión Europea
La canciller Merkel preside desde el 01 de julio 2020 y hasta el 31 de diciembre próximo el Consejo Europeo, conformado por los jefes de gobierno de los 27 países que forman la Unión Europea (UE).

Tras la pandemia del coronavirus, si es que no se produce un rebrote, la presidencia Merkel buscará conducir la reconstrucción económica del Viejo Continente a través de un esquema de solidaridad entre sus integrantes.

Dicho esquema de solidaridad comenzó con una propuesta de lanzamiento de bonos de deuda denominados periodísticamente “coronabonos”.

Su principio rector consistía en una emisión nacional y un rescate posterior comunitario. Obvio que cada país debía obtener una autorización por el monto de bonos a emitir pero soslayaba la obligación futura de pago que quedaba en manos del Banco Central Europeo (BCE).

No pasó. La iniciativa fue del presidente francés Emannuel Macron (42 años), contó con el apoyo de los llamados países del sur europeo –activa militancia del primer ministro italiano Giuseppe Conte (55 años) y del presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez (48 años)-; con la expectativa de los del este y con el rechazo de los “austeros”, Austria, Dinamarca, Países Bajos y Suecia, los que siempre presentan sus cuentas en orden.

Ganaron los “austeros” dado que las decisiones deben ser tomadas por unanimidad.

En Alemania, los coronabonos no cayeron bien. La canciller Merkel los rechazó, no de manera tajante para evitar un choque con sus defensores, pero con algún guiño de ojo hacia los austeros.

Es que Alemania, como no podía ser de otra manera, siempre integró el bando de los ordenados Es más siempre lo presidió y fue su voz cantante.

Pero esta vez, las circunstancias son otras. Al menos, así lo entiende la canciller federal. Es que, como fue dicho más arriba, ella debe presidir la UE hasta diciembre. Una presidencia cuyo sino será la recuperación económica donde a la necesidad de muchos se suma el deseo de la jefe del gobierno alemán.

No se puede, ni se trata de volver a los coronabonos. La solución es otra: un sobre de 750 mil millones de euros, a repartir entre los 27, conformado por 250 mil millones en préstamos reembolsables y… 500 mil millones en subsidios del BCE.

La propuesta es muy fuerte porque sus impulsores son Alemania y Francia. Casi imposible que no se apruebe. Claro que los detalles serán discutidos al máximo. Cómo se reparte el subsidio y cuáles serán las condiciones exigidas para recibirlo y para utilizarlo, son dos preguntas hoy sin respuesta que obligan a afinar el lápiz al máximo.

De todas formas, como a la propia canciller Merkel le encanta recordar: un acuerdo entre Alemania y Francia no es suficiente para una decisión unánime europea, pero un desacuerdo la torna imposible.

Un escollo a salvar es la sentencia del Superior Tribunal de Justicia alemán, con sede en la ciudad de Karlsruhe, que cuestione la competencia del Banco Central Europeo para tomar a cargo deuda de otro miembros de la UE.

La cuestión no es menor y va más allá, aunque la contiene, de la discusión sobre la supremacía del derecho nacional o del comunitario. Es de valor práctico: ¿Debe el contribuyente alemán sufragar con sus impuestos los gastos del Estado español o italiano? Estados que dejaban ver un descalabro previo a la pandemia.

¿Y por casa?
Fronteras adentro, el coronavirus modificó todo. Desde el hábito merkeliano de no utilizar la televisión hasta la austeridad en las cuentas nacionales.

Alemania fue, durante varios años, pionera en materia de superávit fiscal. No era la única, pero sí la más significativa. Junto a ella, los Países Bajos y Suecia, dentro de la UE. O Corea del Sur, Suiza, Noruega, Taiwan, Nueva Zelandia, fuera de la UE, países a los que, no de casualidad, les va bien.

Pero con la pandemia, la austeridad quedó atrás. El gobierno salió al rescate de empresas y puestos de trabajo y atendió hogares sin ingresos para lo que recurrió a la emisión monetaria.

Es que para el presente año, la caída del Producto Bruto Interno alemán se estima en 6,3 por ciento con un repunte para el 2021 del 5 por ciento y recién un retorno al crecimiento neto en 2022. El todo, siempre y cuando la demanda resulte estimulada, sin un traslado a precios.

Como en Alemania no se suele confiar en la magia ni en las amenazas sin sentido, para evitar el traslado a precios, el gobierno propuso al Parlamento una rebaja del 19 al 16 por ciento de rebaja en el IVA general y del 7 al 5 por ciento para productos de primera necesidad y… libros.

Una heterodoxia monetaria que aspira a ser transitoria hasta encarrilar el país nuevamente en la senda productiva. Es que, a diferencia de otras latitudes, fuera y dentro de la Unión Europea, Alemania suele tener presente la vieja lección de la República de Weimar en la década de 1930, con su hiperinflación donde los precios subían a diario y, a veces, aún más rápido.

¿Y la política?
No necesariamente la muy buena imagen de la canciller Merkel se traslada al resto de la Unión Demócrata Cristiana (UDC), el partido conservador al que pertenece. Por el contrario, los conflictos internos dentro de la formación arrastraron este año la renuncia de su actual presidente Annegret Kramp-Karrembauer (57 años), favorita de la canciller y su eventual sucesora.

Todo se precipitó en el pequeño land (estado) de Turingia, la tierra natal de Johannes Sebastian Bach. Allí, la elección del presidente estadual Thomas Kemmerich del FDP –Partido Liberal Alemán- fue lograda gracias a los votos de liberales, conservadores y de… los populistas de extrema derecha, la Alternativa para Alemania (AfD).

Fueron varias las advertencias previas de Kramp-Karrembauer a sus parlamentarios conservadores para que no cayeran en la tentación de dicha alianza que perseguía reemplazar, después de muchos años, al gobierno de izquierda del partido Die Linke (La Izquierda) del presidente estadual Bodo Ramelow

El escándalo no se hizo esperar. Al día siguiente, 06 de febrero, Kemmerich renunció. Un día después, algunos funcionarios conservadores con demasiadas inclinaciones hacia la extrema derecha fueron apartados de sus cargos. Y dos días después, Kramp-Karrembauer, también ministro de Defensa, renunció a la jefatura de la CDU.

El conflicto de Turingia quedó cerrado con la reelección del Ramelow, apoyado por Die LInke y los socialdemócratas con la abstención de los conservadores.

Quedó abierta entonces la difícil discusión sobre el sucesor de Kramp-Karrembauer y, más aún, a partir del planeado retiro de la canciller en setiembre del 2021.

Tres son los candidatos que iban a dirimir fuerzas en el congreso de la CSU el 25 de abril pasado. Congreso que fue postergado sin fecha por motivo de la pandemia.

Por un lado, Friedrich Merz (64 años), ex jefe del grupo parlamentario conservador y catalogado como más a la derecha. Por el otro, Armin Laschet (59 años), actual presidente del land de Rhenania del Norte-Westfalia, centrista. Finalmente, Norbert Rötgen (54 años), considerado como un candidato más en los márgenes.

Mientras tanto y como suele ocurrir en no pocos países europeos, la elección estadual en Hamburgo del 23 de febrero puso en evidencia el avance verde.

Si bien, el triunfo correspondió, una vez más en ese land-ciudad, a la social democracia, el avance verde fue a tambor batiente. En votos, más que duplicó. Creció un 127 por ciento con una dotación de 33 diputados estaduales y un aumento de 18 bancas.

Hamburgo, como los otros land, no marca necesariamente tendencia nacional pero no puede dejar de ser tenido en cuenta.

La seguridad
Conocida es la fama de eficiencia de la que goza el Bundesnachrichtendiest (BNV), el Servicio de Inteligencia alemán exterior y la Oficina Federal para la Protección de la Constitución (BfV), en la lucha contra el terrorismo y el racismo.

No obstante los más de diez intentos de atentado que son abortados cada año, siempre alguno logra el fatídico éxito.

Fue lo que pasó en la ciudad de Hainau, land de Hesse, en febrero pasado. Allí, el tiroteo contra dos bares de chicha (narguilé) donde se reúnen inmigrantes, por parte de un sospechoso con motivaciones xenófobas, reveló que no se debe bajar la guardia ni por un instante.

Sin dudas, la acción terrorista contra inmigrantes no cuenta sino con un respaldo extremadamente minoritario en Alemania. Pero, no ocurre lo mismo con la xenofobia ya no como acción directa sino como pensamiento político.

El avance electoral de Alternativa para Alemania (AfD) el partido de extrema derecha, así lo demuestra. En particular en los land que otrora formaban parte de la República Democrática Alemana, es decir la Alemania comunista integrante del Pacto de Varsovia.

Pese a ello, la canciller Merkel no transige. Condena y combate al terrorismo xenófobo y no se deja caer en el oportunismo de endurecer la política contra los migrantes, ni contra los extranjeros que habitan suelo alemán.

Si de un lado, cada tanto, algún xenófobo burla las prevenciones y la vigilancia de la BfV, del otro, el terrorismo djihadista (islámico) consigue su propósito solo con atentados individuales frente a las alertas de la BNV.

Es que infiltrados en sus organizaciones por los servicios de seguridad, el terrorismo xenófobo y el terrorismo djihadista recurren a los “lobos solitarios” que ejecutan sus acciones sin planificación organizativa previa. Muy difíciles de detectar a tiempo sobre todo cuando son ejecutados por personas sin antecedentes.

Es prácticamente imposible erradicarlos definitivamente. Un vehículo lanzado a velocidad, un apuñalamiento al voleo en plena calle o un tiroteo sobre un objetivo no gubernamental son los mecanismos empleados por estos “lobos solitarios”. Avanzar más allá de la vigilancia de posibles sospechosos implica riesgos graves para el estado de derecho.

Alemania y el mundo
Antes de la pandemia, el gobierno alemán intentó algunas aperturas, en lo que va del año, más allá de su prioridad de la UE.

Así, la jefa de gobierno viajó a Sudáfrica, primera partenaire comercial africano de Alemania, y a Angola, país petrolero por donde sustituir los envíos rusos.

Precisamente con Rusia no son pocas las dificultades que sobrelleva el gobierno alemán. Primero, y ante todo, el ciber espionaje sobre dependencias oficiales y sobre empresas líderes.

El 7 de mayo pasado fue descubierto un “hackeo” sobre el mismo Parlamento alemán. Fue de tal gravedad, acumulativa por cierto que, una semana después. la propia canciller Merkel denunció públicamente la autoría oficial rusa. En concreto, la responsabilidad del GRU, el Servicio de Inteligencia militar ruso.

Visiblemente hastiada, la canciller aseguró que “todo esto me hace mal. Trato de mantener las mejores relaciones con Rusia y del otro lado existen pruebas tangibles que son los servicios de inteligencia rusos los que hacen estas cosas”.

A tal punto que hasta se conoce el nombre del sospechoso principal del ciber ataque. Un tal Dimitri Badin, también reclamado por el FBI norteamericano por la piratería de la campaña demócrata para la elección presidencial del 2016 en Estados Unidos o por acciones informáticas contra la Organización Mundial para la Prohibición de Armas Químicas.

No es todo. El homicidio de un checheno de origen georgiano en Alemania también fue invocado por la canciller. El culpable fue detenido y la justicia alemana sospecha, una vez más, de los servicios secretos rusos. Dos diplomáticos rusos debieron dejar Berlín, expulsados por sus intentos de trabar la justicia sobre dicho asunto.

Frente a Rusia, Alemania también exhibe su preocupación por la participación, encubierta a medias, en la guerra civil libia. Es que el tema llegó a manos alemanas como subproducto de los distintos grados de involucramiento de los posibles actores en dicha guerra civil.

Rusia y Francia, de un lado. Turquía, del otro. Rusos y turcos con armas y mercenarios, en el primer caso, armas y soldados en el segundo. Grecia totalmente enemistada con Turquía. Francia, Reino Unido y Estados Unidos, poco creíbles por su participación en la guerra contra el ex dictador Muamar Khadafi. Italia, ex potencia colonial. Solo quedaba Alemania como creíble.

Así, el gobierno alemán convocó a una conferencia de paz sobre Libia con el único objetivo de hacer respetar el embargo de armas decretado por las Naciones Unidas, la no intervención de potencias extranjeras y la adopción de un cese el fuego. Todo dijeron que sí. Pero antes de 48 horas, todos volvieron a las andadas.

Otro tema sensible es Irán. O, mejor dicho, el retorno a la actividad nuclear militar de la teocracia iraní. Apretado por el embargo norteamericano, dado su ostensible intervencionismo militar en Siria, Irak y Yemen, y denunciado el acuerdo nuclear por la administración del presidente Donald Trump (74), el gobierno iraní usa como presión el retorno al enriquecimiento de uranio, necesario para la fabricación de una bomba atómica.

Alemania, Francia y el Reino Unido intentan salvar aquel acuerdo con los iraníes dado que los tres países –además de Estados Unidos, China y Rusia- estamparon sus firmas.

Si la canciller Angela Merkel muestra un hartazgo frente a la mala fe del presidente ruso Vladimir Putin (67 años), tampoco deja de mirar con recelo las bravatas y las decisiones unilaterales del presidente Trump. Al punto que, en un momento dado, llegó a amenazar con no asistir a la video conferencia del Grupo de los 7 (G7), los países más industrializados.

Como originariamente estaba prevista de manera presencial en Camp David, Estados Unidos, el presidente Trump suspendió la video conferencia y la pasó para “el otoño”. Dolido, dijo que el G7 “era obsoleto” y que quería invitar a Rusia, Corea del Sur, Australia e India.

Seguramente, sin hacerlo público, en la intimidad de su casa, la canciller federal Angela Merkel sonrió.
Nota Alemania:
Territorio: 357.518 km2, puesto 63 sobre 247 países y territorios dependientes.
Población: 83.421.000 habitantes, puesto 19.
Densidad: 233 habitantes por km2, puesto 63.
Producto Bruto Interno: 4 billones 467.238 millones de dólares, puesto 5 (a paridad de poder adquisitivo, PPA). Fuente Fondo Monetario Internacional.
Producto Bruto Interno per cápita (PPA): 52.801 dólares anuales, puesto 15.
Índice de Desarrollo Humano: 0.939, puesto 4. Fuente Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

Luis Domenianni
IN/rp.

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