sábado 8 agosto 2020

AMIA, a 26 años del atentado hay una víctima por la que no se enciende una vela: «la verdad»

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Un rescatista israelí (el primero que vió entre los escombros el motor de la Trafic que explotó en la AMIA) contestaba las preguntas que con tono hostil le dirigía alguien que pretendía hacer “desaparecer” la camioneta de la escena del crimen.

Su mirada cortó el aire de la sala como el filo de una navaja y mirándose las manos le dijo: Dejé a mi familia y mi trabajo para venir a buscar a alguien vivo entre los escombros. ¿Cree usted que me importa inventar historias?

Ese día comprendí que la verdad importaba a muy pocos. Ese día, esa mirada, me gritó que la verdad es lo único que importaba.
Por razones ideológicas, aburrimiento, desinterés, complicidad o desidia, la verdad fue sólo el objetivo de un pequeñísimo grupo de personas.

Antes de la explosión hubo mensajes que no supimos descifrar. El atentado a la Embajada de Israel; la extraña actuación de la Embajada de Irán en la argentina; los pasaportes diplómáticos emitidos en gran cantidad con números correlativos; los correos “hombre”; un Embajador que había sido expulsado de España por actos subversivos; el secretario de Hezbolla gritando en el Valle de Bekaa que tenían brazos tan largos que llegaron a la Argentina; dólares con sellos de medio oriente con los que se pagaba la fianza de El Reda; la mezquita de Cañuelas; la brigada de inteligencia de la policía bonaerense con asiento en Lanús; …signos que nadie comprendió y que nuestra ¿inteligencia? ignoró.

Después, falta de decisión política pero especialmente falta de sed de verdad. Al Presidente del momento le preocupaba más el partido de River que se disputaba, que los dichos de un iraní prófugo en Venezuela que aportaba datos concretos sobre la planificación de lo ocurrido. Tan veraces, aunque se pretenda denostarlos, que a los pocos días estalló la bomba frente a la Embajada de Israel en Londres que en aquella declaración anticipó.

La triste actuación de la Secretaría de Inteligencia, más ocupada en tapar sus errores y debatir espacios de poder, que en aportar respuestas sobre lo ocurrido. No se conformaron con no ayudar, confundieron, escondieron y hasta con la luz amenazante de sus rodados enfocaron nuestros ojos para que no pudiéramos ver lo que ocultaban.

Tampoco interesó la verdad a quienes intentaron incinerar en las hogueras iraníes las pruebas colectadas, renunciar a nuestra jurisdicción, convocar como árbitros a los asesinos. Se burlaron designando como funcionarios gubernamentales a quienes están procesados por encubrir a quienes nos atacaron.

Las palabras se siguen vaciando de contenido cuando quien acusó a la actual vicepresidente de tener una diplomacia paralela con personajes marginales planificando el escape de los terroristas de nuestra justicia, señalándola por mentir y hacer aprobar una ley como coartada y asegurando que el delito se consumó con la firma del Memorandum , se asocia con ella y ahora predica que lo que etiquetó como delito en realidad fue un gesto para intentar”destrabar” la causa.

No se dice la verdad cuando se afirma que las víctimas reclaman que los responsables se hagan cargo del hecho. Todos, no sólo las víctimas, reclamamos que las instituciones de nuestro país – porque un hecho de terrorismo no es solo un tema de la justicia- se hagan cargo exigiendo frente a la comunidad internacional la entrega de los reponsables; ellos están señalados con pruebas objetivas concordantes y contundentes en la causa.

Salman Raoul Salman El Reda no tiene inmunidades funcionales y el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas podría, con amenaza de progresivas sanciones, conseguir su extradición del Líbano. Para que esto ocurra es necesario que por una vez, Argentina se decida a hacer lo que debe hacer.

Mienten cuando afirman que no se hicieron gestiones para levantar las alertas rojas de los acusados, callando que Argentina e Irán notificaron presurosos a Interpol la firma del acuerdo, que aun no había sido aprobado por sus Legislaturas, determinando con ello que se inscriba la existencia del convenio en los legajos, dejando sin carnadura los pedidos de captura.

Agravian a la verdad cuando dicen que Hezbolla no se hizo cargo del atentado; cuando ignoran los cables diplomáticos de las diferentes sedes de Medio Oriente, o la información constatada del teléfono a nombre de Andrés Marques que se activó el 1 de julio en el aeropuerto de Ezeiza y no tuvo ninguna otra comunicación desde el 18 de julio- horas antes del atentado- desde el aeroparque. Teléfono desde el que se hablaba a la Triple Frontera, a una sede de Hezbolla en Teherán, a la mezquita de Floresta y que siempre estaba ubicado, según las antenas, cerca de AMIA y de lugares comprometidos en la investigación.

La agravian cuando ignoran lo averiguado del teléfono de Rabbani y de las empresas fantasmas iraníes que legitimaban el ingreso de gente y de divisas a nuestro país.

Dañan, no solo a la investigación sino también al recuerdo de las víctimas, cuando inventan pistas con las que pretenden desviar la ruta que conduce directamente a los altos funcionarios del gobierno de Irán; y lo vuelven a hacer cuando ignoran los documentos secuestrados en la calle Tapiales que alertan sobre la continuidad del peligro terrorista.

Mintieron cada vez que afirmaron entregar a la justicia archivos secretos de la Secretaría de Inteligencia mientras presentaban un proyecto de ley sobre “Secretos Oficiales” para, con la excusa de la seguridad nacional, ocultarlo todo.

Las querellas intentaron conocer el contenido de las cajas exhibidas en un acto oficial en la Casa Rosada y fueron recibidos por el Jefe Operativo de la SIDE que les preguntaba qué querían ver e impedía tomar nota de los pocos papeles que les mostraron ¿Qué querían ver? Todo. Pero no fue una respuesta que se aceptara.

Los nichos de corrupción que alimentan los circuitos de la política construyeron muchos obstáculos para avanzar en la búsqueda de la verdad. Fuimos rehenes de la impotencia de la justicia y de la oscuridad a la que nos condenó no saber quienes estaban a nuestro lado trabajando para ocultar la verdad. Esa verdad que es imprescindible para que empiecen a cicatrizar las heridas.

Cada aniversario vuelve a sonar en mis oídos la voz de Pepe Eliaschev denunciando lo que se estaba tramando desde el poder y el destrato que recibió por sus datos certeros.

Mientras en un acto virtual se recordaban los 26 años trascurridos desde el brutal atentado, la mirada de un rescatista israelí que sólo quería encontrar a alguien con vida entre los escombros presidía la conmemoración.

Desde que ocurrió el atentado a la mutual judía hay una víctima por la que no se enciende una vela: «la verdad».
Marta Nercellas
Abogada, especialista en Derecho Penal y Derecho Penal Económico
P/BN/rp.

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