sábado 19 septiembre 2020

El desafío de las criptomonedas, ¿Podrá Bitcoin lograr la difusión del dinero fiduciario?

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Sin duda uno de los factores que más contribuyó a despertar interés en el público no especialista en economía o mercados financieros en general, fue el aumento del valor de la cotización del bitcoin durante 2017. En efecto, según Buy Bitcoin Worldwide el valor pasó de milésimas de dólar estadounidense en 2009 a más de U$D 17.000 en noviembre de 2017. Sin duda, durante ese rush alcista se acercaron al comercio de bitcoins profesionales de los mercados buscando convenientes arbitrajes entre monedas, lo que colaboró a la expansión de las transacciones y al consiguiente interés de los medios masivos de comunicación. Pero sobre esta performance de Bitcoin no hay unanimidad respecto a cuáles serían los factores que la sustentan.


Desde el punto de vista del economista austríaco Karl Menger (1840 – 1921), expuesto en su ensayo “El origen del dinero”, el valor del dinero depende de su liquidez: en la medida que un bien sea más requerido por los usuarios, ese bien tendrá más probabilidades de volverse un buen dinero, porque la gente querrá para sí ese bien para retenerlo como reserva de valor para luego intercambiarlo por otros bienes o servicios. Este es el caso histórico del oro, la plata o la sal como dinero.


Estos bienes se utilizaron como abalorio o para preservar alimentos, como la sal, para satisfacer directamente sus necesidades de consumo, pero con el paso del tiempo se hacía evidente que otros también los deseaban, y comenzaron a emplearlos entonces no solo para su consumo, sino también como reserva de valor, acumulándolos ya no para consumirlos, sino para poder intercambiarlos, en el futuro, por otros bienes. Estas premisas de Menger llevaron a Ludwig von Mises (1881 – 1973) a plantear el teorema regresivo del dinero: si el dinero surge de las mercancías, ninguna moneda podrá ser dinero si primero no ha tenido algún uso distinto, como un bien útil en sí mismo, es decir, un activo real.

Siguiendo esta línea de razonamiento, que se aplica a todos los bienes que pretendan ser dinero, incluyendo los bienes digitales, el Bitcoin nunca tuvo otro uso que no sea el de ser dinero. Pero, esta observación también puede aplicarse al dinero fiduciario emitido por las autoridades nacionales o regionales (como sucede en la zona Euro). Es decir, el dinero fiduciario en su mayoría, aproximadamente el 95% del circulante, es digital, al igual que las criptomonedas, y el otro 5% está representado en papel y en monedas, que tampoco tienen ningún otro fin que el de ser dinero.

Lo que puede computarse también a favor de la valoración de Bitcoin, son los acontecimientos políticos domésticos de los países y la adopción de políticas macroeconómicas que afectan la confianza del consumidor o del inversor y, sobre todo, el tráfico internacional de divisas. En efecto, Bitcoin es aceptado como medio de pago en empresas como Microsoft, Dell, Mega, entre otras, y ha sido utilizado como refugio por algunos inversionistas. Se observó la elevación de la valoración tras el Brexit y la victoria de Donald Trump en 2016. Otro tanto sucede en países como Venezuela, Argentina, Zimbabue y Brasil son mucho más propensos a adoptar Bitcoin en el futuro como medio de pago por la inflación, la devaluación, la represión financiera y el estancado flujo de capitales, tanto entrante como saliente.

Según otros análisis, la explicación de la aparición y éxito de Bitcoin debe buscarse en los costos del sistema global de pagos, en el que la industria financiera actúa como intermediario entre usuarios individuales o empresas que no se conocen, mientras los bancos centrales y los organismos reguladores del estado respaldan esa confianza supervisando a los bancos y con seguro de depósito. Según un informe de Mc Kinsey & Co., los bancos obtienen USD 1,7 billones al año — 40% de sus ingresos — por servicios de pago global, y, a pesar del aumento exponencial de la innovación tecnológica, el costo de la intermediación financiera en Estados Unidos no ha variado considerablemente desde comienzos del siglo XX.

Debilidades de Bitcoin
Probablemente sea prematuro llegar a una conclusión sobre la viabilidad de Bitcoin en el mediano plazo para que funcione socialmente, entendido “socialmente” como diferente de “legalmente”, como dinero. Esto sería así si tenemos en cuenta, como se vio, que en la historia de la humanidad se utilizaron distintos instrumentos con ese fin y recién en el siglo XlX se impuso el oro como dinero aceptado globalmente. Por supuesto que es un mundo, el actual, comunicado instantáneamente, por lo que las probabilidades de que se acorten los tiempos de comprensión, difusión y aceptación de un nuevo dinero, son mayores. Sin embargo ya aparecen críticas respecto a Bitcoin incluso presagiando que nunca será dinero, debido a que el Bitcoin, está lejos de ser dinero debido a su poca difusión, por no ser un medio de intercambio generalmente aceptado. Es decir, que para que Bitcoin sea dinero no es suficiente que sea utilizado por un grupo relativamente pequeño y homogéneo en un conjunto de operaciones concreto y limitado.

Respecto a estas observaciones, el problema que se encontraría en la escalabilidad de Bitcoin radicaría en cómo acelerar el registro de transacciones.

Quizás esa limitación sea insalvable, aunque esto parece muy improbable en el mundo digital. Por otro lado, como se analizara anteriormente, Bitcoin Cash parece orientado a solucionar estas limitaciones. Por otro lado, es constante el avance en la velocidad de procesamiento de datos en todas las tecnologías digitales, incluso en la misma red Bitcoin, el aumento de la capacidad de procesamiento es significativa. Es decir, que si la minería de bitcoins ha evidenciado tal nivel de aceleración, cabe esperar significativos avances en el registro de operaciones que resultan infinitamente más simples que la muchísimo más compleja “minería”

Conclusiones
Debido a las características del universo de internet donde prima el cambio constante, a lo que se suma que la red Bitcoin, que como ya se explicó es de código abierto, abre infinidad de posibilidades de escalamiento, potenciación o fracaso por obsolescencia o por ser reemplazado por otra tecnología, las conclusiones a las que aquí se arriba, no pueden ser definitivas.

Sin perjuicio de estas observaciones, desde ya atendibles, quizás lo que suceda con Bitcoin es que ocupe un lugar entre las monedas vigentes como un medio de pago más. Por ahora parece improbable que ocupe el mismo interés entre los usuarios que las monedas fiduciarias debido a las limitaciones para operaciones cotidianas, como se vio, pero quizás sea una amenaza sobre un medio de pago con tradición milenaria como es el oro.

En efecto, el oro es la reserva de valor por excelencia que no promete retornos de caja a su propietario pero sí una altísima liquidez. Por otro lado la cantidad de oro aumenta a un promedio del 2% anual pero no existe ninguna garantía de que nuevas tecnologías de minería o yacimientos muy productivos alteren este nivel de incorporación de unidades de oro al sistema con su consiguiente desvalorización. Bitcoin con su numerus clausus de 21 millones de unidades, no es alcanzado por esta incertidumbre.

Conforme Galbraith (1989) en la gestión de las cuestiones económicas se enzarzan variadas e importantes instituciones económicas: el interés, el crédito, el trabajo, el capital, pero “la cuestión principal de los análisis y de las políticas modernas es el papel y la gestión del dinero”. Justamente Bitcoin y las demás monedas digitales aparecen en esta institución económica con un claro perfil disruptivo. Pero un resultado no buscado de la irrupción de Bitcoin fue el de convocar a la atención de la opinión pública sobre el dinero y sus características. Este ciclo de reportes, que se cierra con esta nota, es una prueba de este interés, que se hace más evidente entre los nativos digitales.

Parecería que, así como el oro, la plata, y en menor medida, el platino, las criptomonedas se han incorporado al sistema de pagos globales con un perfil de escalamiento todavía incierto, pero con un lugar asegurado en el mercado de monedas.
Dr. José Eduardo Fernández
Profesor titular en las Carreras de Licenciatura en Economía Empresarial y en la Licenciatura en Turismo, materia Principios de Economía, de la Universidad Nacional de Lanús
EN/BN/CC/rp.

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