sábado 8 agosto 2020

El Covid-19 y las elecciones en Estados Unidos «La encrucijada de Trump»

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El 30 de julio el presidente Trump reiteró la idea de postergar las elecciones presidenciales del 3 de noviembre, tema que ya había sido mencionado por algunos de sus funcionarios, debido a las consecuencias potenciales de la pandemia de Covid-19 que, a su juicio, pueden distorsionar el proceso de formalizar la voluntad popular.

A su vez, en abril su contrincante Joe Biden había anticipado que el presidente podría actuar de esta manera, en contra de una de las bases esenciales de la democracia estadounidense. La propuesta de la Casa Blanca fue rechazada de inmediato, incluso, por miembros prominentes del Partido Republicano, entre ellos, por el líder de la mayoría del Senado Mitch McConnell, quien afirmó que esta fecha está grabada en piedra.

En principio, su declaración plantea tres cuestiones preliminares: la primera, se refiere a la capacidad legal del presidente para llevar adelante la postergación de las elecciones, la segunda, consiste en analizar cuáles son las razones políticas reales que lo impulsan, y la tercera, se refiere a los argumentos que Trump esgrime para fundamentarlas. Siempre hay que tener en cuenta que sus expresiones contenidas en múltiples “tweets”, no pueden tomarse literalmente porque muchas veces platean opciones políticas que considera deseables, sin significar que las llevará adelante.

En Estados Unidos las elecciones para presidente y para el Congreso, aunque tienen un impacto nacional, se rigen por las leyes de los Estados federales donde tienen lugar, debido a que la Constitución les otorga la autoridad para administrar los actos electorales en su jurisdicción. Debido a ello, han adoptado una serie de normas que rigen el proceso de la votación, lo que, en algunos casos, han sido objeto de consideración en el Congreso Federal y en la Justicia, para confirmar su constitucionalidad.


En cuanto a la fecha, está determinada por una Ley Federal de mediados de los años 1800, que indica que deben tener lugar el primer martes de noviembre después del día primero del mes (para no coincidir con la celebración cristiana del “Día de todos los Santos”, y por los usos y costumbres de una sociedad que era fundamentalmente agraria).

También se debió a la necesidad de unificar el voto en todo el país, y disponer de suficiente tiempo para celebrar la reunión de los electores, 34 días después, y la asunción del presidente el 20 de enero. En conclusión, su modificación no es una facultad del Poder Ejecutivo sino del Congreso, que es el órgano capacitado para adoptar una nueva ley, que está sujeta a una posible revisión judicial. Además, no existen precedentes de ninguna modificación desde 1788.

En cuanto a las razones políticas de Trump para buscar una eventual postergación de la votación, se relacionan con el hecho de que desde que la pandemia comenzó a hacer estragos, trató de evitar sin éxito una cuarentena total y la parálisis de la economía, mientras el país está al frente de todos en el número de enfermos y víctimas fatales en el mundo.

El jueves 30, el Departamento de Comercio anunció que el PNB se había deteriorado un 9.3% en el segundo trimestre (indicaría una declinación anual del 32.9%, sin precedentes), a pesar de los cientos de millones de dólares de ayuda del Gobierno a los ciudadanos y empresas. El Covid-19 sigue haciendo estragos en muchos Estados del sur y del oeste (como California con 500.000 infectados), sin que se haya producido un retorno apreciable a la actividad económica, mientras la Bolsa de Valores no lo refleja, quizás especulando con la continuación de los estímulos fiscales.

Lo demuestra el hecho de que 1.4 millones de personas presentaron nuevos reclamos de desempleo la semana que concluye, con lo cual el número total alcanza a 30 millones de trabajadores. El presidente podría estar evaluando que una postergación de la elección -se celebra en tres meses- podría coincidir con una mayor actividad económica, y con la aplicación de las vacunas que están en una fase adelantada de pruebas, pero todo indica que la pandemia va a estar vigente hasta bien entrado el año próximo.

Por otro lado, la estrategia de Trump consiste en que, aun estando atrás de Biden, en aquellos Estados que pueden inclinarse por uno u otro de los candidatos presidenciales, podría llegar a superarlo mediante una mejor organización de su campaña y mayores aportes financieros, pero no hay signos de que este proceso esté teniendo lugar, pues las encuestas generales siguen dando una relación intención de voto de casi 50% para Biden y sólo de 40% para Trump, que es la cifra aproximada de apoyo popular que ha tenido a lo largo de su mandato.

Incluso, los analistas comenzaron a percibir cierto alejamiento de su persona de la dirigencia del Partido Republicano, lo que sería consecuencia de varios factores. Entre ellos, hay que tener en cuenta que el presidente Trump, es muy diferente a sus predecesores, pues no tuvo experiencia previa en un cargo político o gubernamental, siendo un importante hombre de negocios inmobiliarios y un personaje popular de la televisión. No es un republicano tradicional, y modificó su pertenencia política cinco veces. Llegó al poder en un momento de crisis en dicho Partido, donde muchos votantes no se sentían representados por su dirigencia, y supo interpretar las preferencias del electorado adaptando su programa a lo largo del camino.


Se podría decir que Trump es un populista pragmático y conservador, con tendencia a actuar con independencia de las ideas políticas tradicionales, que trasladó su práctica de las negociaciones inmobiliarias al mundo de la política. Sin embargo, pudo conservar la solidaridad de los políticos conservadores en el juicio político, en el cual fue absuelto por el voto casi unánime de sus senadores, pero en esa ocasión posiblemente actuaron protegiendo sus propios intereses.


Ahora, existe una nueva realidad, representada por la pandemia, la crisis económica y los problemas raciales. A los republicanos, que en las elecciones de medio término perdieron el control de la Cámara de Representantes, les preocupa repetir esa situación e incluyendo a la Cámara de Senadores que controlan desde hace años. Si Biden gana las elecciones y los demócratas consiguen la mayoría en ambas Cámaras, podrían iniciar a concretar su objetivo de reconstrucción del país, restablecer las normas de derecho y lograr que Estados Unidos vuelva a ser un ejemplo de liderazgo en un mundo que enfrenta grandes desafíos.

A su vez, la posibilidad de que el voto de los afro-estadounidenses y otras minorías se incline hacia los republicanos perdió sustentación, al no existir una bonanza económica, por las dificultades diarias que ellos deben enfrentar para cumplir con sus obligaciones personales en medio de una recesión.

Adicionalmente, el expresidente Barack Obama comenzó una campaña muy significativa de apoyo a Joe Biden, atrayendo a muchos de quienes votaron por él para consagrarlo presidente en sus dos mandatos, pero que luego no lo hicieron por Hillary Clinton. El asesinato de George Floyd por la policía de Minneapolis, y las marchas de protesta posteriores, lo habrían convencido de la necesidad de fortalecer a los votantes con un fin político superior, como lo hizo en sus elecciones de 2008 y 2012.

En cuanto a la argumentación de Trump, se basa en una interpretación exagerada de que la utilización masiva del voto por correo en los Estados llevará a la votación más fraudulenta y poco fiable de la historia, teniendo en cuenta a los problemas encontrados en las primarias partidarias en algunos de ellos, que debieron demorar el cómputo de los votos. Sólo considera aceptable este sistema de votación para las personas ausentes que no concurren a hacerlo personalmente, pero no como sistema general de votación. Considera que no es creíble, por la posibilidad de largos cuestionamientos judiciales posteriores que impidan determinar al ganador.

Cinco Estados ya tienen reglamentado el voto únicamente por correo y otros están poniendo en práctica este sistema debido a los peligros del Covid -19, y la aglomeración de votantes consiguiente, adoptando los requisitos para asegurar la corrección del voto. Sin embargo, un elemento esencial es que el Correo disponga de la capacidad y de los fondos necesarios para llevar adelante esta tarea, pero se advierte que los Republicanos estarían dificultando el otorgamiento de las partidas presupuestarias necesarias.

Por otro lado, después de la elección de 2016, en la cual tuvo menos votos que Hillary Clinton, pero la ganó en el Colegio Electoral, Trump también sostuvo que habían existido graves irregularidades y votos ilegales, para poder sostener que fue el ganador en las dos etapas.

En esta ocasión, algunos analistas interpretan sus palabras como una acción desesperada ante la posibilidad de perder, y poder buscar más tarde una explicación de su derrota. Para ellos Trump es la verdadera crisis para enfrentar y no el sistema de votación por correo, pues sus acciones están afectando al sistema democrático.
Atilio Molteni
Embajador. ®
IN/BN/CC/rp.

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