lunes 30 enero 2023

Cuaderno de opiniones. «El deterioro del gobierno de Unidad de Israel»

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Por Atilio Molteni
El 17 de mayo, el Primer Ministro Netanyahu (Partido Likud, de derecha y secular) y su principal opositor, el ex comandante de las Fuerzas de Defensa Benny Gantz (Azul y Blanco, de centro izquierda) formaron un Gobierno de Unidad, apoyado por otros legisladores electos en la tercera elección general que tuvo lugar el 2 de marzo.

Las dos anteriores en abril y septiembre de 2019 no permitieron organizar un Gobierno, pues conforme a su sistema parlamentario es necesaria una coalición que supere 60 bancas -el Parlamento tiene el doble-, para aprobar sus decisiones o evitar un voto de censura de la oposición. De esta manera, el Gobierno se formó con los votos del Likud, los Partidos religiosos ortodoxos, y los pertenecientes a Azul y Blanco.

En una etapa previa, Gantz intentó formar un Gobierno opuesto al Likud, pero no lo logró. Durante las tres campañas electorales, afirmó que no se uniría a Netanyahu debido a las causas judiciales en su contra, mientras el Primer Ministro sostuvo su inocencia y calificó a las investigaciones (desde marzo de 2016) como una maniobra de la oposición para desalojarlo del poder.

Luego, la falta de alternativas para superar la crisis política fue una de las razones que llevaron a Gantz a abandonar su posición ética y negociar con el Likud la integración del Gobierno de Unidad, cuando ambos Partidos descartaron la posibilidad de una cuarta elección.

Llegaron a este acuerdo en el medio de tensiones y la parálisis gubernamental que duró más de un año. Al anunciar la constitución del Gobierno –llamado de reconciliación- ambos líderes declararon que podrían enfrentar eficazmente al Covid-19 y a sus consecuencias económicas y sociales, aunque se vincularon también con las divisiones en la sociedad israelí.

Se estableció que Netanyahu sería Primer Ministro y Gantz Primer Ministro alterno y Ministro de Defensa por los primeros 18 meses, transcurridos los cuales el 21 de noviembre de 2021, rotarán entre si la jefatura del Gobierno por un período semejante. Sin embargo, desde los inicios de este arreglo político existieron dudas que este cogobierno pueda alcanzar a esa fecha, debido a la fortaleza de la derecha y la trayectoria de Netanyahu.

Es un líder político fuerte con más tiempo en el poder, ahora en su quinto mandato, con más de diez años en el Gobierno, a los que cabe sumar otros cuatro años de gestión entre 1996 y el 2000, cuando logró derrotar al laborista Shimon Peres. De esta manera, Netanyahu supera en el tiempo al ciclo que ejerció como Primer Ministro uno de los creadores del Estado de Israel, David Ben Gurión.

Sus seguidores lo suelen apodar “Bibi, el Rey de Israel” o “El Mago” por su política activa en una región muy difícil del planeta. Tal habilidad incluye la utilización de la fuerza en Siria y el Líbano contra Hezbolá y los “proxies” iraníes, mientras mantiene un diálogo constructivo con países que influyen en la región, como Rusia y Turquía, o ampliando sus relaciones con varios Estados árabes del Golfo, más Egipto y Jordania.

Tampoco le falta habilidad para encauzar los problemas económicos y geopolíticos, mientras sostiene una posición de extrema dureza ante Irán, a cuya dirigencia considera como el mayor peligro para la seguridad y supervivencia israelí.

La decisión de formar un Gobierno de Unidad tuvo costos para Azul y Blanco, pues algunos de los que fueron sus socios políticos la consideraron una capitulación. Fue el caso de Yair Lapid y Moshe Ya’alon, que pasaron a liderar la oposición con su Partido “Hay un Futuro” (de centro,16 bancas).

La integran también la Lista Conjunta (15 bancas de los árabes-israelíes) y otros Partidos de distintas tendencias, que incluyen a figuras como Avigdor Lieberman (Yisrael Beitenu, de derecha) y Neftalí Bennett (líder del partido de derecha y religioso Yamina), y la izquierda tradicional que perdió importancia en la política israelí.

Fue la primera victoria del Primer Ministro, pues sus oponentes se dividieron y pudo continuar en el poder. La segunda, consistió en que Azul y Blanco aceptó que permanezca en su cargo, durante su procesamiento por tres casos separados de fraude, soborno y abuso de derecho en el desempeño de su mandato.

El 24 de mayo, por primera vez, un Primer Ministro en ejercicio debió comparecer ante los jueces del Tribunal de Distrito en Jerusalén, donde se presentaron los cargos criminales que pesan en su contra. Es una anomalía para un Estado de Derecho y una situación penosa para un líder político muy consciente de su imagen, en un proceso que puede afectar su credibilidad.

Netanyahu, reiteró que elementos de la policía y de la oficina del Fiscal General, aliados con periodistas de la izquierda habían fabricado casos contra él, para lesionar a la derecha. Es decir, trata de transformar este proceso judicial en uno político, pero deberá probar su inocencia como cualquier acusado en un juicio. Mientras tanto, sus adeptos atacan a los fiscales y jueces por su ceguera ante la voluntad popular, y sus opositores, en cambio, lo consideran responsable y exigen su renuncia, agravando los enfrentamientos en la sociedad israelí.

Las consecuencias del acuerdo para Gantz, fueron su coparticipación en el Gobierno y en su agenda legislativa, la titularidad de varios Ministerios, y cierta influencia en los temas referentes a la seguridad de Israel y de reforma de la justicia. Entre ellos, el más significativo es el acuerdo de ambos Partidos sobre la anexión de territorios de la Margen Occidental del río Jordán, después del 1 de julio de 2020, conforme al “Plan para la Prosperidad”, que Trump presentó en enero de 2020, que se sumó a otras decisiones que favorecieron a Israel, modificando las políticas de sus predecesores, y lesionando la posibilidad de que se llegue a la creación de un Estado palestino.

Estaba previsto que el 1 de julio el Gabinete de Israel, decidiría la aplicación de sus leyes a algunos de los territorios disputados con los palestinos. Sin embargo, la propuesta del Primer Ministro se demoró, posiblemente porque la situación política cambió por razones internas y externas.

Las razones internas, estuvieron relacionadas con la pandemia y la crisis económica; y las razones externas, obedecen a que el Gobierno de Trump dejó de dar prioridad al Plan, al tener en cuenta la campaña para las elecciones estadounidenses del 3 de noviembre.

Los israelíes, por su parte, habrían especulado con que el candidato demócrata Joe Biden se manifestó en contra de la anexión, conforme con la posición mantenida por el expresidente Obama, de quien fuera vicepresidente, estimando que una decisión prematura en la Margen Occidental del Jordán, podría condicionar sus relaciones futuras con el gran aliado estadounidense.

La situación interna dio lugar a que en el mes de julio comenzaran protestas contra las políticas de Netanyahu relacionadas con la situación sanitaria (debido a una segunda ola de Covid), los problemas económicos derivados de la cuarentena, y la investigación judicial que se está llevando a cabo.

Pero el problema más significativo es que el acuerdo que dio origen al Gobierno de Unidad entró en crisis por diferencias de criterio acerca de la duración del presupuesto. Netanyahu aboga por su aprobación en la Knesset con un año de duración y Gantz por un presupuesto de dos años, lo que permitiría una mejor planificación de la acción del Gobierno. Este tema provocó un enfrentamiento muy duro entre ambos y un caos político.

En el caso que el Gobierno no llegue a un acuerdo antes del 24 de agosto, o se prorrogue dicho plazo en la Knesset, conforme a la legislación vigente se debe convocar a nuevas elecciones (sería la cuarta) en el mes de noviembre, opción que la mayoría de los israelíes no quiere debido a que afectaría la situación económica y social del país.

Sin embargo, los analistas estiman que Netanyahu estaría aprovechando esta situación y la debilidad política de su socio en el Gobierno, para modificar el acuerdo de coalición con Azul y Blanco, con el objeto de obtener más facultades con relación al nombramiento y desempeño de las autoridades judiciales, que le permitan condicionar la evolución de sus problemas personales ante la Justicia.

Es una cuestión en constante evolución y cuyo resultado final depende de múltiples factores, en un país que se caracteriza por la intensidad de sus conflictos políticos.
Atilio Molteni
Embajador ®
IN/CC/rp.

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