jueves 26 noviembre 2020

El juego de las similitudes: las estrategias que las ciudades comparten en el World Cities Culture Forum

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Por Eleonora Jaureguiberry

“Tenemos que enfrentar dos pandemias: la que va a curar la vacuna, y la del elogio de la ignorancia, la de los que niegan la importancia de las artes y la de su protagonismo para curar las heridas de la epidemia y recuperar las ciudades”, decía en tono grave Hugo Possolo, secretario municipal de Cultura de la ciudad de Sao Paulo, en un Zoom reciente del World Cities Culture Forum moderado por la ciudad de Buenos Aires. Possolo hacía referencia, por supuesto, a la grieta que se abrió en Brasil debido a la hostilidad del presidente Bolsonaro hacia el campo cultural, pero también a la particular vulnerabilidad económica del sector desatada a partir del lockdown.

Justine Simons, ministra de Cultura de la ciudad de Londres y presidente del WCCF, le daba la razón con números: en su ciudad el arte y las industrias culturales mueven 75 mil millones de libras al año, generan uno de cada seis puestos de trabajo, y son el motivo por el cual cinco de cada seis turistas la visitan. Este ecosistema quedó devastado por el cierre de festivales, teatros y museos, generando pérdidas millonarias (y una línea de ayuda económica de emergencia para los espacios independientes), y la conciencia de que la vida misma de la ciudad estaba en crisis. “La cultura es el oxígeno de nuestras ciudades”, se animó cuando buscaba palabras para describir el impacto de la pérdida de solaz y contención que las actividades culturales deparan a quienes las disfrutan.

Simons, activa coordinadora de esta inédita conversación global, resumió en diez puntos los aprendizajes que las ciudades hicieron “en tiempo real” (las traducciones son nuestras). El primero es el de construir indicadores confiables que permitieron a las ciudades comprender el daño a la economía y la pérdida de puestos de trabajo. Los datos permitieron planificar ayudas rápidas y eficaces. El segundo es comprender que los consumos culturales virtuales significaron la incorporación de nuevas audiencias, pero también dejaron a muchos afuera por problemas de conectividad y de acceso.

Otros desafíos comunes: la interpretación del cambio en el comportamiento de los públicos, la administración del miedo, y la construcción de protocolos para salir del confinamiento; los cambios en el incipiente turismo, de internacional a local; la comprensión (y el posible remedio) de la fragilidad estructural del empleo en el sector, que tiende a la informalidad; el diseño de estrategias de equidad e inclusión, desafíos enormes frente a un mundo que va a emerger de la pandemia más desigual que nunca; la construcción de nuevos puentes con la filantropía y con la gestión de recursos; y, último pero no menos importante, cómo resuena y qué necesita cada ciudad, y cuáles son las soluciones específicas que cada gestión encontró.

Joao Moro, subsecretario de Promoción e Incentivo Cultural de Brasilia, contó el particular sistema que ideó su administración para repartir 400.000 dólares en tiempo récord. Se trató de generar un sistema de -textual- “presentaciones online de emergencia” , asignando 1.000 dólares a cada ganador según un criterio único: la necesidad de sobrevivir. En paralelo los 25 espacios culturales oficiales están siendo restaurados en profundidad. “Estamos arreglando la casa”, se entusiasma Moro, y cuenta que falta poco para inaugurar un nuevo museo de arte en su ciudad.

Carina Cabo, flamante secretaria de Cultura y Educación de Rosario, puso el énfasis en una población especialmente vulnerable al encierro: los niños, niñas y adolescentes. Se sabe, Rosario es un referente en estos públicos desde tiempos de Chiqui González, quien fundó el Tríptico de la Infancia y el Consejo de Niños y Niñas. Desde estos espacios se trabajó para que chicos y chicas tuvieran una voz. El programa “Los chicos cuentan”, desarrollado íntegramente por Whatsapp, es un lindo ejemplo. Pero el más interesante es el regalo de un muñeco (ya se entregaron más de mil), al que se le puede cambiar la expresión de la cara, diseñado especialmente para que los chicos se animen a hablar de sus emociones. El muñeco-dispositivo es construido con materiales donados y con el trabajo de voluntarias que se ofrecieron a diseñarlos y coserlos.

Laura Fuertes, directora de Cultura de la ciudad de Mendoza, contó que “hemos sido psicólogos, enfermeros, cineastas y gestores, sobre todo, hemos trabajado en equipo”. Allí también se puso foco con los chicos, nativos digitales, generando tutoriales de toda especie para que ellos fueran los traductores de las actividades propuestas a sus familias. También realizaron videos breves sobre el patrimonio local; al principio, sobre lugares de referencia histórica que los mendocinos conocían menos que los turistas; después se animaron a más: “mostramos nuestra arquitectura, nuestros parques, nuestras alamedas. Mostramos lo que teníamos en frente y no veíamos”.

Liliana González, directora de Arte, Cultura y Patrimonio de Bogotá, contó que en su ciudad el acceso a internet es deficiente; para llegar a todos los hogares, dispersos en las montañas, se valieron de un acuerdo que firmaron con la televisión pública. González hizo hincapié en que lo digital nunca va a reemplazar lo físico, pero es una convivencia que llegó para quedarse. A lo que Inti Muñoz Santini, funcionario de la secretaría de Cultura de Ciudad de México, replicó que el creciente papel de la tecnología es el signo de los tiempos. “Los conversatorios, las presentaciones de libros, los cursos, el streaming, son nuevas formas de consumo y de participación. Son un nuevo derecho”, basado en la conectividad, la pluralidad y la libertad de expresión.

El anfitrión Enrique Avogadro, ministro de Cultura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, contó que el sábado pasado, en la función de reapertura del Teatro San Martín, el público aplaudió de pie… cuando comenzaba la obra. “Claro”, respondió con cara risueña Joao Moro, “la cultura es el alma de la ciudad”.

Eleonora Jaureguiberry
Socióloga. Gestora Cultural
CC/NB/CC/rp.





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