martes 26 enero 2021

Energía eólica, la china Goldwind analiza salir de Argentina y dedicarse solo a la venta de los aerogeneradores

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Goldwind inaugura un parque eólico y el Gobierno le da la espalda
La fabricante china de turbinas puso en funcionamiento su proyecto Miramar, de 98 MW, en la provincia de Buenos Aires.
Por Hernán Dobry


La inauguración del parque eólico Miramar, de 98MW, que realizó la empresa china Xinjiang Goldwind Science and Technology Co Ltd el 18 de diciembre en la localidad costera de la provincia de Buenos Aires marca el inicio del fin de un proceso turbulento para la fabricante de turbinas en la Argentina y, al mismo tiempo, es todo un símbolo de lo que han sido y son las energías renovables en el país.

Lejos de los eventos mediáticos con la cobertura de los diarios y la televisión y la presencia de funcionarios nacionales y provinciales, el acto de inicio de operaciones formales de la planta, en la que la empresa invirtió 215 millones de dólares, pasó totalmente desapercibido y brilló por la ausencia de los principales dirigentes políticos, quienes ni siquiera enviaron mensajes grabados como lo hicieron el presidente de la compañía, Wu Gang, el titular del Industrial and Commercial Bank of China (ICBC), Xiao Lijun, y la consejera comercial de la embajada del país asiático en Buenos Aires, Xia Diya.

Los únicos que estuvieron en la inauguración fueron Sebastián Ianantuony, intendente de General Alvarado, municipio en el que está ubicado el parque eólico, y Gastón Ghioni, subsecretario de Energía de la Provincia de Buenos Aires, un cargo de segunda línea del gabinete del gobernador bonaerense Axel Kicillof.

Esta es una muestra más del poco interés que ha venido demostrando el gobierno nacional con las energías renovables desde que asumió el poder el 10 de diciembre de 2019, tal como lo ha detallado Desarrollo Energético.

Lo ocurrido en Miramar dista de mucho de la parafernalia con la que se realizó la inauguración del parque eólico Arauco II, de 100 MW, en la provincia de La Rioja, el 10 de octubre, en la que participaron el presidente Alberto Fernández, el ministro de Desarrollo Productivo de la Nación, Matías Kulfas, el del Interior, Eduardo de Pedro, la titular de la cartera de Mujeres, Género y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta, el secretario de Energía, Darío Martínez, y el gobernador Ricardo Quintela.

La diferencia es que la planta de Goldwind lleva marcado a fuego en sus cimientos el apellido Macri y en el gobierno nacional nadie quiere aparecer en la foto en un proyecto que los miembros de su propio partido han denunciado ante la Justicia por “irregularidades” en el traspaso realizado por la española Isolux Corsán a dos empresas de Sideco Americana, que fueron las que se lo vendieron a la fabricante china de turbinas.

El diputado Rodolfo Taillhade y el senador Martín Doñate denunciaron en 2018 al por entonces presidente Mauricio Macri de haber incurrido en “tráfico de influencias, negociaciones incompatibles y uso de información privilegiada” por esta operación que actualmente está siendo investigada por el juez federal Marcelo Martínez de Giorgi.

Goldwind les había comprado a las empresas Sidsel y Sideli, subsidiarias del Sideco Americana (del grupo Macri), cinco proyectos eólicos por un total de 349 MW (Loma Blanca I, II, III y VI y Miramar) en las provincias de Chubut y Buenos Aires en 25 millones de dólares en octubre de 2017.

Originalmente, estos parques habían sido adjudicados a Isolux Corsán con PPAs a 20 años, tres de ellos bajo la Resolución 202 (70,25 dólares por MWh) y los dos restantes en la licitación Renovar 1.5 (56,40 y 54,9 dólares por MWh).

La Resolución 202 fue una normativa que surgió tras el acuerdo al que llegó el gobierno de Macri con las generadoras eléctricas para reducir la tarifa de 85 dólares MWh asignada a los contratos firmados durante el final de la administración de Cristina Kirchner (GENREN) para la construcción de los proyectos Malaspina, de 50 MW, (Industrias Metalúrgicas Pescarmona), Puerto Madryn I, II, Norte, Sur y Oeste, de 220 MW (Genneia) y Loma Blanca I, II y III, de 150 MW (Isolux Corsán).

Este monto era difícil de aceptar para la administración de Cambiemos que buscaba obtener precios menores en la licitación RenovAr 1 que realizaría en 2016. Por eso, acordó con las compañías, en septiembre de ese mismo año, una fórmula intermedia entre el precio original y el que se lograra en el proceso que estaba lanzando.

Así, abonaría un tercio de los 85 dólares por MWh más dos tercios de la tarifa que resultara más alta en la subasta para la energía eólica en la región del Comahue y la Patagonia (1/3*85+2/3*62,88), con un mínimo asegurado de 65 dólares por MWh. Esto terminó dando un valor final de 70,25 dólares por MWh.

Los sectores más críticos del acuerdo sostenían que el gobierno debería haber dado de baja todos estos contratos y usar la capacidad de transporte en las líneas de alta tensión que tenían asignado para licitarla en las RenovAr.

Isolux Corsán se benefició de esta medida a pesar de que se encontraba imposibilitada de desarrollar los parques ya que estaba en medio del proceso de restructuración de su deuda, tras haber caído en convocatoria de acreedores en Nueva York en agosto de 2016.

Incluso, para el momento en que la constructora obtuvo los PPAs en la Renovar 1.5 para Miramar (56,40 dólares por MW) y Loma Blanca VI (54,90 dólares por MW), llevaba dos meses en medio del proceso judicial conocido en los Estados Unidos como Chapter 11. Eso no impidió que fuera adjudicada con los contratos.

Poco tiempo después, la empresa española le vendió los cinco proyectos eólicos y el parque Loma Blanca IV a las firmas de Sideco Americana en 25,80 millones de dólares, quien unos meses más tarde le transfirió los primeros cinco a Goldwind y el último a Genneia por un total de 95 millones, lo que le permitió embolsarse casi 70 millones por el pase de manos.

Esta maniobra es la que fue denunciada por Tailhade y Doñate, ya que sospechan que, en realidad, el grupo Macri actuó de testaferro de estos parques, ya que no podía presentarse en la RenovAr 1 porque hubiera provocado un escándalo público si se quedaba con esos contratos.

Un largo y sinuoso camino
Los problemas para Goldwind comenzaron al poco tiempo de haber adquirido los cinco proyectos eólicos. El primero de ellos fue el del financiamiento, ya que la crisis cambiaria que se desató en el país en mayo de 2018, puso en riesgo las negociaciones que había iniciado con el ICBC, el HSBC Bank y la sucursal china del Citibank para obtener un crédito de cerca de 300 millones de dólares con tasa del 3,89% y vencimiento en 14 años.

La falta de seguridad para conseguir los fondos hizo que el fabricante de turbinas no pudiera cumplir con sus planes originales de iniciar la construcción de los cinco parques en marzo de 2018 y concluirlos en forma escalonada entre agosto y noviembre de 2019.

La crisis argentina hizo que el propio Directorio Ejecutivo de Goldwind pusiera en duda no sólo los proyectos sino, también, la continuidad de sus operaciones en el país, debido a que las percibía como riesgosas y distantes, como informó Desarrollo Energético.

Finalmente, el 23 de junio de 2018, cuatro de sus miembros votaron a favor de seguir adelante con los proyectos eólicos y tres se opusieron. En esa misma reunión, aprobaron facilidades de endeudamiento que no excedieran los 475 millones de dólares.

Originalmente, los planes de la empresa china en el país eran ambiciosos, al punto de que proyectaba realizar una inversión de 30 millones de dólares para levantar una planta en las instalaciones de Tandanor con la capacidad de ensamblar 70 turbinas por año para proveer a proyectos locales que fueran adjudicados en la RenovAr 2 y en futuras licitaciones por un total de 200 MW.

Incluso, mantuvo negociaciones con las compañías locales Tadeo Czerweny y Fohama Electromecánica para producir transformadores en el país y con otra para hacer lo propio en forma conjunta con las torres donde se montarían las turbinas. Todo se desplomó cuando la economía argentina se derrumbó en mayo de 2018.

Por eso, el primer objetivo que se propusieron sus directivos fue desprenderse de los parques eólicos, pero con la condición de suministrarle al nuevo dueño los 78 aerogeneradores GW140 de 3,20MW cada uno para potenciar los cuatro Loma Blanca y 29 del mismo modelo pero de 3,40MW para Miramar.

Como no lograron llegar a un acuerdo con ningún interesado, decidieron seguir desarrollando los proyectos por su cuenta. Entonces, surgió una segunda alternativa que fue intentar venderle una participación a Xinjiang Goldwind Science and Technology (quien se encargaría del EPC) y emplear un modelo similar al que utilizó en Australia, donde la constructora estatal china le compró el 80% el parque Cattle Hill, de 150MW, una vez concluido.

Tampoco funcionó. Finalmente, Goldwind consiguió el financiamiento necesario de manos de los bancos chinos y terminó levantando las plantas eólicas por su propia cuenta, aunque con no pocos problemas. El más grave fue el que el provocó la pandemia de COVID19 ya que tuvo que suspender las obras varios meses debido a que se vio imposibilitada de recibir desde China las partes necesarias para seguir adelante con la instalación de los aerogeneradores.

A esto, se le sumó el parate provocado por la cuarentena decretada por el presidente Alberto Fernández el 20 de marzo que dejó sin actividades a todos los proyectos durante cerca de un mes.

Antes de eso, el fabricante de turbinas había tenido que afrontar el congelamiento en las transferencias de fondos del ICBC, HSBC y Citibank debido a las restricciones a la compra de dólares y transferencias de divisas que había impuesto el gobierno de Macri tras la derrota en las primarias en agosto de 2019.

Esta situación se agudizó aún más luego de que el Banco Central de la República Argentina (BCRA) volviera a limitar el acceso al mercado cambiario el 28 de mayo y el 1 de septiembre de 2020.

Goldwind ya está generando energía en Loma Blanca II, de 50 MW, y Miramar y espera terminar los otros tres parques eólicos (Loma Blanca I, III y VI) a fines de diciembre, en enero y en febrero de 2021, explica una fuente cercana a la empresa.

Por el momento, la compañía china no ha decidido si se quedará con las plantas renovables o las venderá una vez que estén en operaciones, como suele ser su metodología a nivel mundial.

La estrategia de Goldwind en distintas partes del mundo ha sido desarrollar los proyectos con sus propias turbinas para, luego, desprenderse de ellos en medio del proceso o al final y suministrarle los aerogeneradores y el mantenimiento al nuevo dueño.

“En algunos países, necesitamos algo de inversión para abrir una puerta, para mostrar nuestro desempeño a los clientes. Pero, después de eso, nuestro principal confort es con el desarrollo puro” de las turbinas, afirma a BNamericas Wu Hongfei, vice-gerente general para Sudamérica de la compañía.

Sin embargo, la experiencia en la Argentina fue poco alentadora ya que la compañía no logró vender ningún aerogenerador a las empresas que fueron adjudicadas con contratos en las licitaciones RenovAr 1, 1.5 y 2 ni a las que fueron asignadas con prioridad de despacho por la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico Sociedad Anónima (CAMMESA) para suministrarle electricidad a grandes consumidores en el país.

Por esa razón, Hongfei señala que es poco probable que Goldwind vaya a seguir adelante con la estrategia de desarrollar nuevos parques eólicos por su cuenta en Sudamérica para luego desprenderse de ellos.

En su lugar, la compañía prefiere volcarse a la venta directa de los aerogeneradores y expandirse a otros mercados como Perú, Colombia y Ecuador para tratar de convertirse en el primero o el segundo proveedor de la región y conseguir contratos por entre 300 y 500 MW.
Por Hernán Dobry
EN/BN/gentileza Desarrollo Energético/CC/rp.


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