jueves 9 diciembre 2021

Oriente Medio. Las próximas elecciones en Israel resultan trascendentes para la región

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Por Atilio Molteni – Embajador

Los israelíes volverán a votar el 23 de marzo, en una elección que vuelve a poner en juego el liderazgo mantenido por el Primer Ministro Netanyahu después de doce años en el cargo. En muchos sentidos, es un plebiscito sobre su figura.

En diciembre de 2020, Israel convocó a la cuarta elección general en el lapso de dos años, debido a que la Knesset (Parlamento) no llegó a aprobar el presupuesto anual, lo que constituye una obligación ineludible. El actual Gobierno de unidad continuará en funciones hasta que se forme uno nuevo como resultado de la votación, proceso que puede durar meses dado que debe negociarse una nueva coalición gubernamental, ya que al tratarse de un sistema parlamentario requiere contar por lo menos con la mitad más uno de sus 120 miembros.

Esta contienda se habrá de definir, entonces, por quienes respalden o quieran terminar con la vida política de Benjamín Netanyahu, en un momento en que el panorama electoral favorece a los Partidos de derecha, pues la izquierda en Israel ha perdido fuerza.

Netanyahu demostró ser un líder político muy eficiente, transitando por su quinto mandato su gestión transformó al país, contribuyó a desplazar a las fuerzas políticas seculares y de izquierda, desarrolló la economía y las nuevas tecnologías, fortaleció la seguridad en el marco de una gran inestabilidad regional, enfrentando con vigor los peligros provenientes de Siria, el Líbano y la Franja de Gaza, logró que perdiera relevancia la fórmula de los dos Estados y continuó la expansión de los asentamientos en los territorios palestinos.

Pero también la realidad actual consolida la posición de la derecha, pues el Likud junto a otros Partidos de esta tendencia, lograron establecer la primacía política de la seguridad ante el electorado, mientras la izquierda no fue capaz de acordar un proceso de paz efectivo con los palestinos. Además, los apoya el movimiento de los colonos, mantienen una oposición activa frente a Irán, recibieron el endoso mayoritario de los inmigrantes de la URSS (más de un millón), y también cuentan con el apoyo de los israelíes de origen sefardí, resentidos con los líderes de la izquierda, que en su mayoría han sido esquenazis (como lo fueron Ben Gurion y Shimon Peres).

La efímera administración actual se formó hace un año por una coalición entre el Partido Likud y el Partido Azul y Blanco presidido por el General Benny Gantz, de centroizquierda, y los Partidos religiosos ortodoxos (Shas y Judíos Unidos de la Torá), sobre la base de comprometerse a una rotación a los 18 meses en el cargo de Primer Ministro entre Netanyahu y Gantz, que ahora no se llegará a concretar. Para muchos analistas, era previsible, pues supusieron que Netanyahu podía provocar una nueva convocatoria electoral, a fin de obtener un nuevo mandato sin esta obligación.

Aunque los encuestadores israelíes, como los de otros países, no pasan por su mejor momento, los sondeos más recientes indican que el Likud obtendría 28 bancas en la Knesset. Shas, de los ultraortodoxos sefardíes podría alcanzar a 6 bancas, mientras los Judíos Unidos de la Torah, de los ultraortodoxos esquenazis, llegaría a 7. Sin embargo, el público israelí responsabiliza a los miembros de este Partido de las consecuencias de sus violaciones a las cuarentenas (que Shas respetó), que aumentó el número de víctimas y podrían perder parte de sus votos.

Esta situación dio lugar a que tomara fuerza el Partido Religioso Sionista, presidido por el exministro de Transporte Bezalel Smotrich, que también es ultraortodoxo, pero está integrado por votantes más jóvenes que quieren unirse de otra manera a la sociedad israelí, a las nuevas tecnologías y al mercado de trabajo. Netanyahu favoreció su unión con el Partido Otzma Yehudit de tendencia religiosa extremista, y lo apoya en su campaña pudiendo reunir 6 bancas. Pero en total y sobre la base estas posibilidades Netanyahu sólo alcanzaría a 47 bancas en una coalición con estos Partidos, pudiendo llegar a 58 en un eventual arreglo con el Partido Yamina.

En consecuencia, el actual Primer Ministro tiene que enfrentar a otros Partidos de derecha que se unifican en el lema “Cualquiera menos Netanyahu”. Uno de ellos, está presidido por quien fuera hasta el año pasado una de las figuras prominentes del Likud, el exministro Gideon Saar, que creo uno nuevo llamado “Nueva Esperanza”, de tendencia más a la derecha que Netanyahu. Su decisión buscó convertirse en una alternativa y causó un gran impacto, pero actualmente el posible voto a su favor declinó y se estima que podría alcanzar a 9 bancas.

Mientras tanto, fue tomando relevancia la figura de Yair Lapid que es un experiodista, que en 2012 creó su Partido “Hay un Futuro”. Se muestra muy sólido en las encuestas (podría obtener 20 bancas) y llegar a presidir una eventual coalición de la derecha, incluso Netanyahu reconoció que la votación es entre él y Lapid, quien en su campaña destaca temas referidos a la justicia social, la desigualdad económica y la necesidad de disminuir la influencia de los ortodoxos en la política local. Es criticado por su poca experiencia gubernamental pues sólo fue Ministro de Finanzas entre 2013 y 2014.

Avigdor Liberman de “Israel Nuestra Casa” sigue teniendo vigencia en la política israelí, quien tras haber sido en los años 80 jefe de Gabinete de Netanyahu y ocupado varios cargos ministeriales, organizó su propio Partido que aglutinó gran parte de los inmigrantes de la URSS. Luego de las elecciones de abril de 2020, su decisión de no acompañar una coalición presidida por el actual Primer Ministro obligó a un nuevo llamado electoral, pues sus posiciones seculares tuvieron primacía. Las encuestas proyectan que puede alcanzar a obtener 7 bancas y ser parte de una coalición con Lapid para un futuro Gobierno.

El restante Partido de derecha es “Yamina”, creado en 2019, es presidido por Naftali Bennet, y cuenta con la posibilidad de alcanzar a 11 bancas, con la particularidad de que, para algunos analistas, según los resultados eleccionarios podría inclinarse hacia uno u otro de los posibles grupos que busquen formar un Gobierno.

Los Partidos de los palestinos israelíes se han dividido en dos. Por un lado, está la Lista Conjunta a la cual se le atribuye la posibilidad de tener 8 bancas y, por otro lado, la Lista Árabe Unida del Partido Ra’an que podría alcanzar a 4, que mantuvo intensos contactos con Netanyahu.

La izquierda está representada por el Laborismo (6 bancas) y Meretz (6 bancas), mientras Azul y Blanco perdió su posición significativa y sólo contaría con 4 bancas. Estos tres Partidos se podrían unir junto con la Lista Conjunta a una coalición presidida por Yair Lapid, que integrarían también Saar y Liberman, aventajando quizás a la que puede organizar Netanyahu, pero todo es relativo pues las encuestas revelan que todavía hay 35% de indecisos a una semana de las elecciones.


En esta situación, la campaña de Netanyahu es particularmente intensa, con frecuencia invoca que ninguno de sus contrincantes tiene su experiencia interna e internacional, la misma que le habría permitido obtener las dosis de vacuna necesarias contra el Covid-19, y desarrollar un plan que se extiende a gran parte de la población y la convierte en un ejemplo mundial, situación que le permitió ofrecer programas de cooperación a cuatro países europeos.

Es un panorama que refleja una vez más la complejidad de la política interna israelí, cuyo resultado final se va a revelar después de la elección del 23 de marzo y luego de intrincadas negociaciones que emprenderán los líderes de sus Partidos políticos en un proceso siempre complicado, pero en el marco de una democracia de características únicas en Medio Oriente.
Atilio Molteni Embajador
INT/BN/cc.rp.

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