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Cuaderno de opiniones. “De Senectute”

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Cuaderno de opiniones. “De Senectute”

Por Dr. Jorge Enríquez(*)*****

Hace algún tiempo que estoy en contacto con un importante grupo de personas que se nuclean bajo el nombre de Generación Plateada y puedo dar fe de la magnífica labor que desarrollan. Es una tarea muy necesaria en esta época en que los adultos mayores sufren los efectos de esa perniciosa cultura del descarte.

En otros tiempos, eran los jóvenes quienes padecían una injusta exclusión y se alzaban con legítima rebeldía contra quienes los discriminaban por la edad. Ahora, como una manifestación más del “corso e ricorso” de la historia del que hablaba Benedetto Croce, son los adultos los excluidos. Y es una exclusión muy significativa, porque con el avance de la ciencia que prolonga la vida y la disminución de las tasas de natalidad, nosotros representamos cada año que pasa una porción más grande del total de la población.

Pero en estos tiempos se privilegia la juventud. Y es una oleada tan fuerte que hasta muchos viejos se quieren vestir y hablar como los jóvenes, lo que los hace caer fácilmente en el ridículo. No se trata de unos u otros. Todos deben ser tratados con respeto porque todos tienen algo que aportar a la comunidad. Como amante del fútbol, puedo decir que los mejores equipos son aquellos que combinan las aptitudes físicas de la juventud con la experiencia y la sabiduría que dan los años.

Un gran boxeador argentino, que murió trágicamente, Oscar “Ringo” Bonavena, había acuñado una frase que se hizo famosa: “La experiencia es el peine del pelado”. Quería decir que en muchas ocasiones una vez que aprendemos algo, luego de un tiempo considerable, ya no nos sirve. La frase es ingeniosa, como todas las de Ringo, pero no es cierta en la generalidad de los casos. La experiencia sirve, sobre todo a quienes tienen una mente abierta para poder aprovecharse de sus lecciones.

Generación Plateada tiene como foco de su atención a los mayores de 60 años. Hoy una persona de esa edad es tan activa como lo era hace algunas décadas una de 30. Pensemos en las fotos que conservamos de nuestros abuelos. Ellos solían tener prematuramente el aspecto de viejos. Y muchos de nosotros tenemos más edad que las personas que muestran esas fotos, y seguimos trabajando o estudiando con la misma pasión con que lo hacíamos en nuestra juventud.

Esa idea del descarte se ha reactualizado en las últimas semanas por parte de los militantes de una nueva fuerza política que, como lo hacen todos los populismos, trata como enemigos (en este caso, con la nada original denominación de “casta”) a todos quienes no se subordinan a su conductor. Es decir, lo que pretende ser nuevo es lo más viejo que puede existir. Ya lo conocemos de memoria. Y sabemos cómo termina.

Ese nuevo populismo denigra a los adultos mayores. Les ahorraré, para no incurrir en una vulgaridad, la frase que usan para tratarlos despectivamente. Pues bien, somos precisamente los mayores, los que hemos vivido mucho tiempo y hemos aquilatado muy diversas experiencias, quienes podemos y debemos alertar a los jóvenes sobre la falsedad de ciertos cantos de sirena que los pueden conducir al precipicio.

En una reciente nota del diario LA NACION se destaca el ejemplo de Alcira Calvo de Ramírez, una profesional de Ciencias Económicas que a los 89 años sigue trabajando en esa facultad de la Universidad de Buenos Aires, quien relata cómo cuando debió retirarse de otras universidades privadas al cumplir 70 años, lejos de refugiarse en la pasividad, siguió estudiando y perfeccionándose. También ese mismo diario ha publicado una interesante entrevista al arzobispo, teólogo y filósofo italiano Vincenzo Paglia, quien alerta sobre un fenómeno nuevo en la humanidad, una “vejez masiva” frente a la cual los Estados no saben bien qué hacer.

En uno de los capítulos de uno de sus libros más famosos, Momentos estelares de la humanidad, Stefan Sweig describe magistralmente los últimos años de Cicerón. La toma del poder por Julio César lo había alejado de la política y de Roma. A los 60 años, este notable político, abogado y orador, que había ocupado todos los cargos públicos relevantes, tenía por fin la calma para dedicarse a la reflexión. Es entonces cuando compone sus obras célebres, que le habrían de dar una fama perdurable, mucho mayor que las de su ajetreada vida política. Entre esas obras se encuentra “De Senectute” (Sobre la ancianidad), un diálogo en el que medita sobre esa etapa de la vida, que para él puede ser la más plena.

Son incontables los ejemplos de personas que siendo adultos mayores van a lograr superar enormes desafíos. Menciono a solo una de ellas: Winston Churchill, quien a los 66 años asume como primer ministro en el Reino Unido y lidera la resistencia contra el nazismo. Este viejo, que sería descartado hoy por esos jóvenes presuntuosos que nada han hecho en la vida, salvó la democracia y la libertad en Occidente.

 (*)presidente Asociación Civil Justa Causa; ex Diputado Nacional, JxC. PRO

P/ag.jorgeenríquez.vfn/rp.