Cuaderno de opiniones. Elecciones porteñas: no hay motivos para la euforia mileísta

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Por Dr. Jorge Enríquez (*)***** El Presidente logró nacionalizar la campaña de los comicios legislativos de la Ciudad. Pero con esa estrategia los convirtió en un plebiscito en el que el 70% de los votantes no eligió a La Libertad Avanza.

Los triunfos y las derrotas, en la política como en la vida, suelen medirse en función de las expectativas previas. Desde hace varios meses, se pronosticaba que la lista del peronismo para las elecciones legislativas porteñas, liderada por Leandro Santoro, “ganaría” esas elecciones. Como finalmente “ganó” la lista de LLA, encabezada por Manuel Adorni, Javier Milei y su partido tomaron ese resultado como la confirmación de que la Argentina se ha vuelto libertaria.

Los entrecomillados se deben a que no se trataba de la elección de un Jefe de Gobierno, en la que inevitablemente hay un ganador, porque solo una persona puede desempeñar ese cargo. En una elección legislativa lo que debería importar es la cantidad de bancas obtenidas y la composición de la Legislatura. Imaginemos que se postulan diez partidos, uno de izquierda y nueve de derecha. El de izquierda obtiene un 11%; cada uno de los demás, algo menos. De acuerdo a nuestra costumbre, diremos que el partido de izquierda ganó, aunque la Legislatura quede con una abrumadora representación de la derecha.

Ese es un ejemplo extremo, solo para clarificar el punto. La situación del domingo pasado no fue esa, si bien -especialmente si salía primero Santoro- se podía incurrir en un error similar.

Ahora bien, ¿cómo interpretar el resultado? ¿Tiene fundamento la euforia de los mileístas? Me parece que es natural que celebren el primer puesto, sobre todo porque no era lo esperado, pero que se ha exagerado la dimensión de esa victoria.

En especial, si se considera que lamentablemente estas elecciones, separadas de las nacionales para que se pudiera poner el foco en los asuntos locales, fueron absolutamente malversadas en ese objetivo. Porque el oficialismo nacional hizo todo lo posible -y lo logró- para que se nacionalizaran. Entre muchos otros ejemplos, puso para encabezar la lista al vocero presidencial, que no dijo en su campaña nada sobre la Ciudad de Buenos Aires, y en los afiches tan solo expuso esta frase: “Adorni es Milei”.

Por lo tanto, lo que hubo fue un virtual plebiscito sobre la gestión del gobierno nacional de Javier Milei. En ese marco, el 30% obtenido por la lista de LLA no luce demasiado importante. Simplificando demasiado, se podría decir que Milei perdió el plebiscito por 70 a 30. Esas cifras no se deben tomar linealmente, porque es probable que algunos votantes del PRO valoren positivamente a Milei, pero tampoco son irrelevantes. Queda claro que la gran mayoría de los porteños votó por otras fuerzas políticas y que, dado el carácter plebiscitario que el Gobierno nacional le imprimió a los comicios, esa mayoría votó en contra de Milei.

Tampoco es cierto que el resultado implique el fin del PRO ni nada por el estilo. Por cierto, quienes somos dirigentes o simpatizantes de ese partido hubiéramos deseado obtener muchos más votos. Pero debe tenerse en cuenta que la fractura de Juntos por el Cambio fragmentó demasiado la representación. Al mismo tiempo, el plebiscito de hecho hizo que algunos ciudadanos que valoran la gestión porteña del PRO se hayan inclinado por aprobar el rumbo económico del gobierno nacional. Por lo demás, la baja afluencia de electores pone un signo de interrogación sobre el verdadero significado del resultado.

El Presidente, que hace de su constante falta de respeto por los demás una marca distintiva, ha anunciado que con estas elecciones se jubila Mauricio Macri y se termina el PRO. Los muertos que vos matáis gozan de buena salud. El PRO es un partido imprescindible en la Argentina, que representa un liberalismo republicano, capitalista, abierto al mundo, con eje en la iniciativa privada y firme defensor del Estado de Derecho y la convivencia democrática. Es una corriente de centro derecha, institucionalista, siempre dispuesta a practicar el diálogo y a buscar los consensos. Los dirigentes de ese partido que hayan sido tentados por los cantos de sirena del populismo de derecha harán bien en irse rápido, para que la divisoria de aguas sea clara. Depurado de esos elementos oportunistas, reafirmado en sus principios doctrinarios que tienen a la República como valor esencial, el PRO debe construir ahora una nueva coalición (sea formal o de hecho) con partidos centristas que tengan ese mismo eje central, como la Unión Cívica Radical o la Coalición Cívica.

Junto a ellos, tiene que ejercer una oposición constructiva, responsable, seria, pero oposición al fin, porque hay valores más profundos que el equilibrio fiscal (que, dicho sea de paso, siempre postulamos) que están hoy en juego. Lo que se ha de dirimir es si triunfa un proyecto de clara vocación autoritaria o se impone para siempre la convivencia pacífica en el marco de la Constitución Nacional.

(*) Presidente Asociación Civil Justa Causa; Diputado Nacional (MC), JxC, PRO; Miembro de Profesores Republicanos | 

P/ag.jorge Enríquez. Vfn/gr.

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