miércoles 8 julio 2020

Argentinos Varados: “No están todos en casa hasta que no vuelvan todos”

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Cuando por fin se logra ingresar en una lista de pasajeros para el vuelo de regreso, otro capítulo de la historia comienza. Mientras los aviones empiezan a habilitarse con cuentagotas y no están muy claros los criterios utilizados para definir prioridades, las aerolíneas cobran tarifas excesivas por los nuevos tickets, aún cuando los pasajes cancelados podrían ser objeto de improbables reclamos y jamás se contó con la posibilidad de su endoso entre las líneas aéreas.

Para ser precisos hay que contar las excepciones: sólo quienes consiguieran viajar por la misma aerolínea que hubiera cancelado el viaje, no volverían a pagar. Y conviene puntualizar que la falta de recursos de muchos varados los obliga a buscar cualquier trabajo para sostenerse, pagar el pasaje y poder volver a casa. Una vez que todos estos factores logran alinearse, una suerte de frenesí se desata, se recibe un correo de la Cancillería anunciando que se resultó elegible, que en 3 (Tres) días se parte.

A partir de dicha información, como en una carrera de postas, empieza otra espera: la aerolínea debe comunicarse con cada uno de los pasajeros para proceder al cobro del pasaje. Estas comunicaciones se demoran, momento en que el chat de varados se activa para agilizar los casos pendientes y solicitarle al consulado que monitoree y tramite esta cuestión. Aparece una dificultad adicional: no todos los elegidos se encuentran en las proximidades de los aeropuertos, algunos están a miles de km de distancia. Y tienen que llegar a tiempo, como sea, a pesar de que la cuarentena los obliga a estar encerrados, aflora el miedo a perder una oportunidad irrepetible y continuar con el calvario que los atormenta.

En las conversaciones mantenidas con los funcionarios del Estado, los varados recibieron, con beneplácito, dos promesas: los aviones estarían limpios y sanitizados y se garantizaría la distancia social recomendada por la OMS. Por fin los “varados en trance de retorno” percibían una luz al final del túnel. Así llenaron formularios de Declaraciones donde juraban haber cumplido la cuarentena en los países de salida, garantizaban no acusar síntomas, declaraban sus domicilios y el de convivientes si fuera el caso y se comprometían a 14 días de total aislamiento ni bien arribaran a destino.

Para llegar al aeropuerto de París, por ejemplo, viajaron desde Andorra grupos de jóvenes estudiantes, alguien voló entre continentes para llegar desde Martinica, en el Caribe, y en distintos vuelos y trenes llegaban los varados de todos los rincones de Francia. No tenían forma de acceder al vuelo de regreso si primero no atravesaban por todas estas situaciones paradojales, ya que la sacrosanta cuarentena los consideraba de sumo peligro.

Sin embargo, seis (6) horas antes del vuelo, allí estaban, todos en la fila con distancia mínima listos para la ansiada vuelta. Más trámites de pre embarque, siempre con distancia mínima, tomada de temperatura incluida. En el embarque empezó el amontonamiento, para subir a un avión donde la distancia mínima no existía. El vuelo de París que debió demorar 14 hs., finalmente demoró 20, ya que tuvo que desviarse para reabastecerse en una escala no prevista en San Pablo. La turbulencia había ocasionado que se volara contra el viento y esto originó un mayor consumo de nafta.

Así viajaron 379 personas perplejas, apiñadas y asustadas hasta el infinito, rozando hombro con hombro y con el barbijo puesto, que se quitaron sólo para desayuno y cena.

Muchos países presentan complejidades adicionales ya que no se cuentan entre aquellos desde los que parten los vuelos de repatriación. Es así que la cuestión del consulado donde se anotaron las personas se vuelve crucial y promete otra tensión adicional. En el caso del Sudeste Asiático, se viene recogiendo en vuelos lecheros a argentinos varados en varios países. En las escalas, las condiciones de espera, sobre todo si se trata de varios días, se vuelve espeluznante por las condiciones de higiene. Desde Bangkok a Doha hubo un muerto en vuelo, lo que demoró el vuelo de regreso Doha- Buenos Aires con escala en San Pablo.

Retomando el viaje de repatriación París- Buenos Aires, el arribo a Ezeiza y a la tierra querida los encontró en fila y ahora si, tomando distancia de nuevo, como amablemente indicaban los funcionarios locales. Cada uno rogaba por el milagro de volver al propio hogar. Sin embargo, el destino de cada persona estaría determinado por su domicilio. Cada provincia y municipio adopta sus propias regulaciones, por lo que el menú fue indescifrable. Aislamiento absoluto en hoteles para algunos, hogar dulce hogar para otros. En el medio hubo situaciones para todos los gustos. Quienes viajaban a las provincias y no fueron recibidos por parientes o amigos, tenían por delante las horas en micro, las que en ciertos casos se convirtieron en días. El caso de un pasajero domiciliado en Usuahia es extremo, ya que a los 14 días de aislamiento en CABA, tuvo que agregarle los días de espera del vuelo a Tierra del Fuego, lo que determinó que finalmente arribara a su casa 19 días después de haber llegado a Ezeiza.

Siguiendo con la heterogeneidad entre provincias y entre municipios, a algunos varados repatriados se les realizó hisopados al llegar a destino, a otros a los 7 días, y a otros nunca. El seguimiento médico, que al arribo se informó que tendrían los recién llegados, también se transformó en un aquelarre. Algunos tuvieron dos llamados por día los primeros 10 días, otros durante 7, o 5, y otros nunca. En el extremo de este increíble desorden están quienes volvieron a casa, no fueron testeados y no recibieron ningún llamado médico.

Los chats de varados tienen la particularidad de estar conformados por desconocidos, pero pese a eso, construyeron vínculos solidarios: se preocupan por saber si los casos testeados son negativos, si todos se encuentran bien, y a medida que con el paso de los días se reconfirma el estado de salud de cada uno, se festeja doblemente, por haber superado las vicisitudes y la angustia inicial.

Las ganas de volver a casa no disiparon el miedo ni la indignación ante las condiciones en las que se efectuó el regreso. Sólo el paso del tiempo, lentamente, disminuye el enojo, permite recuperar el equilibrio emocional y reflexionar acerca de esta extraña travesía. Y poder contarla, relató un “varado” que finalmente llegó a su casa.
IG/CC/rp.

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