domingo 12 julio 2020

Cuaderno de opiniones: “Un peligro autocreado ha detenido el mundo”

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Tenemos miedo y es normal que así sea. Nos encontramos ante un peligro auto creado, por el cual un virus casi invisible, transmitido por uno de los más despreciados animales, ha detenido al mundo. Y mientras los humanos estamos aterrados de que nos falte la respiración, la naturaleza respira aliviada.

A pesar de la obviedad de que todos desearíamos no estar pasando por los estragos que está produciendo el Corona virus, las crisis, lo sabemos por experiencia, nos ofrecen oportunidades, si estamos dispuestos a comprender y buscar las causas más profundas que nos llevaron hasta allí. Es generalmente en esta elección, adonde se decide nuestro destino. Una vez superada ésta, saldremos mejores y más sabios, o nos resignaremos a nuestra propia mediocridad y continuaremos cometiendo los mismos errores hasta destruirnos completamente.

Hace tiempo que la humanidad pasa por un momento de emergencia, en donde nosotros, los humanos, en pos de una producción salvaje y un capitalismo rabioso, destruimos la tierra, sus recursos y a los que en ella viven. La idea de que todos los seres vivos somos parte de lo mismo y que estamos profundamente conectados, es una idea que aún estamos muy lejos de asumir, pues esto implicaría adoptar nuevos hábitos y formas de vida, cosa que en principio no estaríamos dispuestos a hacer.

“El aleteo de las alas de una mariposa se puede sentir del otro lado del mundo” y su teoría del caos, es un concepto inexistente para la mayoría de nosotros.

Una niña sueca, desfila ante los poderosos, sin ser escuchada más que por los jóvenes de la tierra acerca del daño que hacemos a nuestro planeta, pidiendo entre tanto más y nada menos, que se detengan los aviones.

Hoy los motores de los aviones se han silenciado por razones que creemos ajenas a nuestra responsabilidad y a cada uno de los movimientos que llevamos a cabo en nuestra vida diaria. A través de las redes sociales recibimos, cual sagradas, imágenes de inmaculados cisnes, deslizándose nuevamente por las aguas de los canales de Venecia, como hace años no lo hacían, y nos emocionan.

También sabemos que el hambre no se detendrá a fuerza de desforestar y sembrar hectáreas, que de tan fertilizadas, transforman el grano en minerales destinados a alimentar el ganado que comeremos, sino a causa de cultivar verdaderos alimentos nutritivos. Amén de la educación, y de la ausencia de corrupción y voracidad económica.

Los países ricos (a base de puro esfuerzo), se han levantado de hambrunas y guerras y han comprendido esto, pero en su lugar, cuentan con sus hermanos pobres para seguir haciendo lo que ellos ya no están dispuestos a sacrificar.

En los primeros días del Corona Virus, se corrió la voz de que el “pinguelo”, un pequeño animal protegido en China, famoso por el rico sabor de su carne y por sus poderes afrodisíacos (algo parecido a nuestro “Quirquincho,”), era el responsable de haber trasmitido el virus que produjo la enfermedad Covid 19. Finalmente quedó demostrado que la causa directa era una “sopa de murciélago”. También se sabe que el ébola y la vaca loca, entre otros virus, fueron originados por animales, algunos domésticos, pero en su mayoría, salvajes. Pero, mal que nos pese a los humanos, poca responsabilidad les cabe.

Debido a la deforestación, la industrialización, la urbanización desenfrenadas y la manipulación constante, el hombre genera y ofrece sistemáticamente y con sorprendente determinación, los medios para llegar al cuerpo humano, adaptarse y transformarse en un arma letal.

Los mercados de animales, adonde las conductas más aberrantes son consideradas normales, son visitados por cientos de turistas y diariamente introducimos en nuestro cuerpo la agonía de millones de seres, criados en condiciones antinaturales e inhumanas. Nuestra avasalladora omnipotencia, se ve hoy amenazada por una de sus criaturas más ignoradas y despreciadas, poniéndonos de rodillas, con la humanidad en ascuas ante la dimensión que podría tomar esta pandemia.

A pesar de todos los intereses económicos, los motores se han detenido; como rogaba, incansable, una niña sueca delante de los poderosos del mundo. Y mientras tanto, la naturaleza respira aliviada.
Isabel de Estrada
FundacionZorba/Facebook/Instagram
www.fundacionzorba.org
IG/BN/CC/rp.

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