jueves 6 octubre 2022

El zoológico, un universo que nos sumerge en “El amor y el espanto”.

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“El amor y el espanto”
Por Isabel de Estrada – www.fundaciónzorba.org


Que los zoológicos empiezan a ser parte de un pasado que no queremos recordar, y que se alejan cada día más de una idea de sociedad moderna y evolucionada, es un hecho. Que las madres de hoy no sueñan con llevar a sus hijos a los zoológicos para mostrarles a los animales detrás de rejas, es una verdad instalada. Que seres que sienten alegría, tristeza, dolor, deban sufrir para que nosotros podamos entretenernos, es un concepto obsoleto y cruel.

Si bien en algunos países desarrollados existen zoológicos acordes a una sociedad más desarrollada, adonde la prioridad está orientada a satisfacer el bienestar de los animales (dentro del encierro y lo que eso significa), estos van desapareciendo. Además, el antiguo sentido de los mismos, el conocimiento de las especies, es hoy innecesario, con la tecnología que nos permite saber todo sobre ellos, mucho mejor que en vivo.

Los animales son hoy un símbolo más de la lucha de las minorías. Durante la entrega de los premios Oscar, miles de jóvenes del mundo se emocionaron ante el discurso de uno de los ganadores de la estatuilla, el actor Joaquin Phoenix que recorrió el mundo “tengo la oportunidad de usar la voz para los que no la tienen. Creo que cuando hablamos de la desigualdad de género, de racismo, de los derechos indígenas o los derechos de los animales estamos hablando de lo mismo. En definitiva estamos hablando de la lucha contra las injusticias. De la idea de que un grupo, una raza, un género, una nación, una especie, tiene el derecho a dominar, controlar, usar y explotar a otro con impunidad… creo que nos hemos desconectado mucho del mundo natural”

Hace pocos días, en plena pandemia, muchos de nosotros presenciamos el escándalo mediático llevado a cabo durante la clausura del zoológico de Luján, con el Ministro de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación el Sr. Cabandié allí presente, y el secretario de Control y Monitoreo Ambiental, el Sr. Fedorovisky, tambien allí.

Proteccionistas por un lado, y empleados del zoológico por el otro, a los golpes y haciendo declaraciones a los gritos protagonizaron una vergonzosa escena como las que estamos acostumbrados a ver últimamente por cualquier cosa en la que no nos pongamos de acuerdo, ya sea en el Senado o en el Zoo. Finalmente un letrero de clausura quedó pegado en la tranquera de entrada del zoológico, sobre la colectora del Acceso Oeste, a pocos kilómetros de la ciudad de Luján.

¿Qué fue lo que ocasionó que el predio fuera clausurado en plena pandemia?
Desde el Ministerio de Medio Ambiente, se declara que el zoo no cumple con las normas que dicta la ley 12.238 que regula a zoológicos y acuarios. La atracción principal de este zoológico, ha sido desde siempre la interacción con los grandes felinos, prohibido por Ley. Además, los zoológicos tienen la obligación de tener a todos sus animales con un chip que los identifique, cosa que el zoológico no tendría en regla. Como consecuencia de esto, se le exige cumplir con una serie de normas y se lo intima a una reconversión del mismo, sacando a los animales salvajes de allí, y dejando solamente a los animales domésticos.

El zoológico de Luján es privado, a diferencia de la mayoría en nuestro país, y sus animales fueron adquiridos por su propietario Jorge Semino, legalmente. Esto no lo exime bajo ningún concepto, de cumplir con todas las normas impuestas por el estado para poder conservarlos y exhibirlos. El que la razón de que la cantidad de turistas brasileros y peruanos que bajan de los ómnibus cada fin de semana, sea la de poder acariciar y tomarse una foto con un tigre, león o puma, cosa imposible de hacer en otro lugar, es de público conocimiento.

Desde siempre se corre la voz de que estos grandes felinos, son adormecidos, pues de lo contrario hubiera sido imposible tal proeza. Pero en este punto, muchos de los trabajadores y el propio dueño lo desmienten. Por otro lado, los que conocen el manejo del zoológico y algunos veterinarios de la ciudad de Luján, aseguran que la manera que tiene Semino, su propietario, de criar a los cachorros, es la da familiarizarlos con los humanos desde muy pequeños. Para eso contrata jóvenes apasionados de los animales que no se resisten a tener contacto con estos gatos grandes y que muchas veces hasta llevan los cachorros a sus casas para terminar de amansarlos. ¿Quién podría resistirse?

Otra de las acusaciones de los proteccionistas, es que los animales no están castrados y que se reproducen en continuación, pues son gatos, y al no estar perfectamente identificados y no poder rastrearlos con un chip, su destino es incierto o imposible de comprobar. Se dice de todo, claro, que se venden y se sabe con certeza que existe un enorme comercio de estos felinos en el mundo, con distintos fines. Lo cierto es que esto impide tener una exacta noción de su paradero.

Por otro lado, desde el zoológico, se defienden diciendo qué durante muchos años, Fauna, ha llevado allí, cientos de animales incautados en muy mal estado, que los circos les han dejado hasta los carromatos con animales adentro, y que el zoológico se ha hecho cargo de ellos siempre, cosa que es cierto.

Pero cierto es también, que Fauna ha cerrado un ojo sistemáticamente, ante el evidente y constatable hecho de la relación del público con los animales. El dueño del Zoológico inaugurado en 1994, asegura que el nuevo secretario, Federovisky, tiene un juicio con él, desde hace muchos años, y que en parte la clausura se debe a este motivo.

Desde los años en que su creador, el mediático Cuttini, se paseaba por todo tipo de shows, programas televisivos y fiestas, junto a tigres, osos y demás animales, ha corrido mucha agua bajo el puente. En esa época, salvo para algunos pocos (entre los que me cuento), no estaba mal visto. Un animal estaba para entretenernos y los abusos eran moneda corriente, sin que siquiera la sociedad pudiera notarlos! Es inútil cargar culpas hacia un pasado que estamos dejando atrás.

Entrar a un zoológico es también sumergirse en un Universo adonde el amor y el espanto, generalmente, van de la mano. El zoo de Luján no se encuentra ajeno a esto. Las ochenta personas que trabajan desde hace años allí, hoy reducidas a 25, debido a la pandemia, y ahora a la clausura, conforman un equipo de trabajadores, muchos de ellos muy apegados a los animales, quienes llegan a ser su vida entera.

Se trata de seguir concientizando y descorrer velos hacia la compasión y el respeto que nos merecen todos los seres vivos. Hace poco tiempo, cuando la elefanta Mara fue trasladada al Santuario en pleno Matto Grosso, el público enviaba fotos en los que se veían junto a ella en el zoo, las playas de Necochea o el circo Rodas, disculpándose por haber estado allí y no comprender en ese momento, lo que eso significaba. Muy revelador y emocionante acerca del camino que hemos recorrido como sociedad respecto a esto.

Quizás lo fundamental sea no perder de vista que dentro de ese predio hay cientos de seres vivos de los que ocuparse y necesitan soluciones. Está por verse si, luego de los puntos requeridos para reabrir el zoo, esto sucederá. Mientras tanto, Semino, reconoce que está excedido con los grandes felinos y se muestra dispuesto para que una organización que trabaja reubicando osos y felinos en santuarios en Estados Unidos ,”Enfoque Animal”, de la mano de su Directora Geraldine Vidal, colabore con los traslados hacia allí . Esto recién empieza, y más allá de puestos de trabajos, intereses, amores y odios, urge pensar en los animales, nuestros rehenes, siempre.
Isabel de Estrada – www.fundaciónzorba.org
Autora de “Aullidos en el Viento”, “Correr para Vivir”, “Perros sin collar”, “Buenos Aires Guau”
IG/BN/CC/rp.

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