lunes 26 octubre 2020

Cuando la navaja de Ockham no aplica en materia energética y ambiental

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La explicación más simple y suficiente es la más probable, mas no necesariamente la verdadera. (1)

En ocasiones, según Ockham (2), la opción compleja puede ser la correcta. No puede negarse la alta complejidad de la situación planetaria, desde la crisis climática(3) a la económica pasando por la destrucción de hábitats y pérdida de biodiversidad –IPBE (4)-. La COVID 19 es una evidencia contundente en tal sentido, no leerla en clave de profundo desequilibrio ambiental sería parte de la negación y el apego suicida al Bussines As Usual sostenido con uñas y dientes por corporaciones con enorme poder.

Crisis que configurada durante décadas, requiere de profundas acciones para las que queda, además, cada vez menos tiempo. Cuando lo que abunda es la incertidumbre podemos tener apenas un puñado de certezas Una de ellas es que no podemos seguir haciendo lo mismo y del mismo modo, porque eso nos ha traído hasta acá.

En 2006, “La Economía del Cambio Climático”(5) planteaba de modo inapeable que es preferible invertir el 1% del PBI mundial en la transformación de la matriz energética, la movilidad, el sector agropecuario, el industrial, el habitacional, etc, para evitar daños directos e indirectos por al menos el 15% de ese PBI, excluyendo la pérdida de vidas humanas. Avanzar hacia otra matriz energética, disminuyendo drásticamente también las emisiones devenidas de una presión creciente sobre selvas, bosques, suelos y aguas era ya entonces un deber de la generación al mando. Podríamos mirar con detenimiento lo qué paso en Argentina, en la región y en el mundo desde entonces, pero antes parece conveniente profundizar un poco más y hacer algunas reflexiones.

Pandemia mediante, el propio Stern – en un webinar convocado por el BID – manifestó que podríamos estar hablando del 2% y el 22% o más, respectivamente. Ha sido contundente en la necesidad de contener emisiones, restaurar ecosistemas, dejar de desforestar, en reforestar, restablecer servicios eco-sistémicos, disminuir drásticamente la presión sobre los medios naturales, migrar a formas de producir y consumir completamente distintas, distribuir la riqueza de otro modo y poner el acento en el bienestar común con eje en el re equilibrio del planeta, evitando bajo todo punto de vista mantener o hacer crecer el balance negativo de EGEI.

Si no se mitigan las emisiones de gases de efecto invernadero hasta contener el salto de la temperatura global a máximo 1.5 ªC -entre el período preindustrial y nuestros días- asistiremos a muy severas consecuencias que ponen en riesgo la vida como la conocemos. Ser carbono- neutrales es la única salida, y es por suerte, posible. Hay que dejar de pensar como hasta ahora y dejar de hacer lo que veníamos haciendo como sociedad. Generar energía de maneras radicalmente diferentes, cambiar profundamente los modos de producir y consumir.

El gráfico que sigue, publicado por Climate Action Tracker (6) muestra el gap entre las emisiones 2025 y 2030 que se producirán si las políticas siguen como hasta ahora y las que se corresponden con las metas de Paris (2015) y de Cancún(2010), respectivamente. Entonces otra certeza es que los combustibles fósiles deberán quedar -en buena medida- rápidamente atrás y que ese capítulo debe ser sellado sin mucha discusión porque ya no importa si el gas es mejor que el petróleo y el carbón. Esa discusión tuvo su importancia en el pasado, pero la ha perdido en el presente y más aún cuando la mirada se pone en cualquier horizonte futuro.

Quemar fósiles como hasta ahora no va más y sostener sectores que no aseguran –por las prácticas que configuran la cadena de producción- balance positivo, tampoco. La crisis de los biocombustibles argentinos, promovidos desde 2006 por una ley cuya vigencia acaba en mayo 2021, pone en superficie muchas cuestiones que deben ser muy seriamente evaluada para despejar toda duda en ese sentido. Es muy oportuno buscar rápidamente una creciente eficiencia energética, y aceptar que es la hora de la electricidad generada por energía solar, eólica, hidráulica, nuclear, biogás, y por supuesto, la hora del hidrógeno verde, que irrumpe en el escenario de des-carbonización junto con la movilidad eléctrica. Señales mundiales y regionales sobre esto, abundan y por ello, la ambición climática está en aumento.

La transición es algo que no supimos darnos todavía, que no tuvo el impulso necesario hasta hace poco, que es apenas incipiente y en algunos sectores no ha empezado. “… la participación de Argentina en la matriz global de emisiones oscila entre el 0.75% y 0.90% sin y con el sector de suelos, respectivamente. Sin embargo, sus emisiones per cápita son altas, 10 ktn CO2eq, tanto en comparación con la media global como con sus vecinos – Brasil y Uruguay- que rondan 6 ktn CO2eq”, expresa María del Pilar Bueno(7).

Y ahora sí hablamos de Argentina, en la que la opción no tiene nada de simple, ni de lineal en sentido de continuidad y debe ser encarada sin más demora, con un lugar dominante en la agenda pública y política, como cuestión de estado. No sólo los compromisos intergubernamentales deben ser honrados, el bienestar y la prosperidad de todos está realmente en juego.
1 Si para explicar un fenómeno determinado tenemos dos o más hipótesis, lo más razonable es aceptar la más simple, es decir, la que presenta menos supuestos no probados.
2 Guillermo de Ockham, Inglaterra, sigo XIV
3 IPCC, 2018, UN.
4 IPBES, 2019, UN.
5 Dirigido por Nicholas Stern, economista – no ecólogo ni ambientalista – al servicio del gobierno británico
6 https://climateactiontracker.org/ Setiembre 2020.
7 CONICET-UNR, en “Auge y ocaso de los emergentes en el siglo XXI, ¿Cambios sistémicos, domésticos o cosméticos?” Pag …UNR Editora, 202
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María Angélica Sabatier, Ing. en Recursos Hídricos, Magister en Gestión Ambiental, Docente Investigadora FADU-UNL. Co ordinadora Grupo «Transición Energética» del IAE Mosconi.
EN/BN/CC/rp.




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